El Monte Blanco, físicos nucleares y teorías cospiratorias

El monte Blanco está solo a 150 km de Turín y el domingo, en uno de esos momentos campestres que me dan influida por el espíritu de Andreas Hofer decidí que la montaña más alta de Europa era el sitio perfecto para pasar la siesta dominguera.

Ha pasado de todo en el monte Blanco. Expediciones de pioneros aventureros, investigaciones y observatorios, peleas entre italianos y franceses por la cima, (como si no hubiera nada mejor por lo que pelearse) y accidentes de aviones. Y hasta aquí todo normal para la vida de una montaña.

Un poco menos normal es el accidente de avión de la compañía Air India (AI 101) en 1966 en el que murieron 117 personas. Entre ellas el científico nuclear Homi Jehangir Bhabha conocido como padre del programa nuclear indio. La teoría oficial dice que fue un accidente como tantos pero la historia está rodeada de un halo conspiratorio y como no, la CIA está de por medio.

El 24 de enero de 1966 el Boing 707 de la compañía aérea Air India hacía el trayecto Mumbay – Paris cuando se estrelló en el Glaciar de Bossons en la cara sudeste del monte (parte francesa) Drama. Todo recordaba al accidente del Malabar Princess pocos años antes (1950) mismo avión, misma compañía y mismo sitio. Pero si en este último las circunstancias estaban más claras en el del AI 101 quedan algunas dudas por resolver.

Daniel Roche, francés entusiasta de los aviones que ha estado investigando el caso durante años sostiene que el avión fue alcanzado por un misil italiano para poder frenar así el avance del programa nuclear indio. Su teoría se basa en el hecho de que el 24 de enero de 1966 no se vio ninguna columna de humo en el monte y no hubo ninguna explosión, cosas normales cuando se estrella un avión, sobre todo si va cargado con 41.000 toneladas de fuel. Lo justifica además diciendo hay informes de que ese mismo día desapareció un avión militar italiano.

Para darle más morbo al asunto en el avión viajaban también 200 monos destinados a un laboratorio científico. Se cuenta, se dice, se rumorea, que alguno sobrevivió.

 

Fuente: Indian Aviation
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Nivel I de “piamontesismo”, conseguido

Hay dos cosas que todo piamontés que se precie hace en invierno; la primera, adorar la montaña y la naturaleza por encima de todas las cosas, la segunda, comer polenta como si fuera un manjar de los dioses. Este fin de semana, en pleno proceso de relajación y desconexión he hecho las dos cosas, juntas.

He descubierto que si tienes una casa con calefacción la montaña es el mejor sitio para relajarse. Obviamente mi encuentro con la naturaleza ha sido a través del cristal, lo de pasear, esquiar y respirar aire puro lo dejo para cuando el proceso de adaptación piamontés esté más avanzado.

Como todo fin de semana de relax, éste ha incluido, música, pelis, cerveza, mimos y un cocinero particular. Como buen piamontés, Lorenzo domina el arte de la polenta, de sobre, a la perfección. Un arte que, aunque lo parezca no es fácil, porque la polenta es la cosa más sosa y con menos gracia que se haya inventado sobre la faz de la tierra.

Comer polenta con las montañas nevadas detrás me ha hecho ganar 1000 puntos en mi cuenta de conversión piamontesa particular, el siguiente paso; entender el piamontés. De momento me despido con un: c’ha staga bin

Gracias Epi