Moka. Obscuro objeto del deseo

He echado cuentas y va a hacer un año desde que volví de Italia y un año hace que no me bebo un expreso como Dios manda, (un año, mamma mia) Desde entonces vivo con miedo a que esté demasiado aguado, sea demasiado largo o no tenga espuma. Voy por las cafeterías mirando el tipo de cafetera y la marca de café y miro fijamente a los ojos del camarero intentando descifrar si me da confianza antes de pedirle el adorado brebaje.

Tengo una lista de cafeterías del barrio donde se puede beber un café medianamente decente y una con los sitios donde es mejor pasarse directamente al té. En un momento de mono total y presa por la melancolía soy capaz de recorrerme 4 km hasta llegar a la italiana, uno de esos sitios de confianza y que ha pasado todas mis pruebas. Pero con esto y todo, la mayoría de las veces opto por el café con leche donde los daños son menores. Hace también casi un año escribí esto sobre la locura de los italianos con el café, hoy, después de un año, soy peor que ellos.

Por esto, desde mi humilde blog quiero hacer un homenaje, en el año de su 80 cumpleaños a ese invento que salva mis mañanas y que hace que mi melancolía más llevadera, la MOKA.

Moka. Foto el tornillo que te falta.

Moka. Foto el tornillo que te falta.

En 1933, cuando la economía italiana se encontraba más pa’ ya que pa’ ca’, Alfonso Bialetti introdujo la Moka Express que te permitía disfrutar del sabor de un buen expreso en casa por poco dinero. Hoy en día, la moka se ha convertido en un icono que se encuentra en todos los hogares italianos, a pesar de que tenga que luchar con las dichosas capsulitas. No hay nada más simple, más práctico, más bonito y mejor diseñado que una moka. Tanto que se ha expuesto en los mejores museos de diseño.

Desde entonces la Bialetti sigue fabricando la mítica cafetera que en principio se inspiró en una lavadora y para diferenciarla de imitaciones imprime en ellas a su famoso icono l’omino coi baffi.

Moka y café molido

A Luigi de Ponti, a la Bialetti y a los padres de Fran, por habernos llenado la casa de cafeteras.

 

 

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Tengo un amor del norte

Ya sabéis que yo soy más andaluza que el gazpacho y más madrileña que el bocadillo de calamares, sí, tengo ese puntito bipolar, que le vamos a hacer. Pero tengo que confesarlo, tengo un amor en el norte y mi amor norteño se llama… Logroño, a ver que os estabais pensando. Y es que me tiene loca, tanto, que como se me vaya la cabeza, lo dejo todo, me voy y pongo un restaurante con bodega propia en medio del Espolón, (por soñar…)

Y es que La Rioja es la repera, se come bien, se bebe mejor y se vive…que eso no está pagado. En La Rioja he sido feliz cual perdiz y es que es muy fácil ser feliz en La Rioja, sobre todo si vas con una compañía como la mía. Me he reencontrado con amigos, (bendita amistad), me he reencontrado con el campo y las barbacoas, me he adueñado dos abuelas postizas, he comido como si me lo fueran a prohibir y he aprendido a distinguir vinos, (he aquí uno de los motivos de tanta exaltación riojana)

Viñas riojanas en Briones.

Viñas riojanas en Briones.

Logroño es la famosa calle Laurel y las bodegas, sí, pero es mucho más. Es la Iglesia de San Bartolomé, pequeña y austera, por ella estuve a punto de convertirme al cristianismo. Es la “Redonda” y su mini Miguel Ángel con historia rocambolesca. Es la calle Portales, donde pienso comprarme la casa cuando tenga restaurante y bodega. Es el Museo Würth, que allí donde Cristo perdió la chancla, tiene una buena colección de arte contemporáneo y un edificio de dejarte con la boca abierta. Y es, como no, El Ebro.

Pero también es tranquilidad, buenrollismo, que la gente te salude por la calle, que no existan las prisas y que siempre sea un buen momento para “echar un pintxo”.

San Bartolomé. Logroño. Foto Fernando López

San Bartolomé. Logroño.

Torres de La redonda

Torres de La redonda

Museo Würth. Logroño. Foto Gestio Museos.

Museo Würth. Logroño. Foto Gestio Museos.

A Gonzalo & family y Cris.

Turín, Piamonte y Risorgimento

Los piamonteses y su afición a los primeros puestos es algo que ya he destacado varias veces en este blog. Afición que les viene de la época de Pietro Micca, a quién algún día dedicaré un post porque junto con Cavour y Garibaldi lo son todo en esta región.

¿Qué tendrán los piamonteses con su afición a los récords y a los primeros puestos que han conseguido que traspase fronteras? Hoy El País publica un reportaje sobre Barolo pueblo de la región de Piamonte, (región, que no provincia, señores periodistas) en el que se describía el vino de Barolo como “el más cotizado de Italia”, “el que mejor se exporta”, “el más famoso y también el mejor”

Y qué tendrán los piamonteses que me han conseguido contagiar de su seriedad pero amabilidad, de su acento, a veces inentendible, (per piacere, fate un favore al mondo e soprattutto a gli stranieri e aprite la bocca per parlare e ricordate che noi siamo abituati al acento italiano, non francese o qualsiasi simile), de su afición por los récords y su manía de pensar que Turín no es sólo la mejor ciudad de Italia, sino del mundo mundial, de su afición por el frío, la nieve y los Alpes, de sus horarios, completamente incomprensibles para una española y de su bonita constumbre a comer helado a cualquier hora en cualquier mes del año.

Que hoy hace sol en Turín y que a tres días del Risorgimento, me siento más turinesa de lo normal. Será el sol y que se ven los Alpes.

Vista de los Alpes desde un balcón de la ciudad.

Vista de los Alpes desde un balcón de la ciudad.

 

Los inventos piamonteses más conocidos internacionalmente

Los piamonteses se sienten un poco abandonados por el resto del mundo. Hay poco turismo, poca gente conoce la zona y Milán les hace la competencia. No tienen más remedio que consolarse buscándose récords o primeros puestos en todo lo que tienen que según ellos es, la colección de piezas egipcias más importantes fuera de El Cairo, el museo de cine más importante del país, el edificio en cemento más alto del mundo, (ojo al récord chorra), ser la primera capital italiana, la fabricación del primer coche del país, una de las universidades politécnicas más prestigiosas del mundo mundial…

Pero lo que es suyo es suyo y el caso es que en Piamonte existen cuatro inventos mundialmente famosos y útiles. Ahí van;

1. El huevo kinder

Y por supuesto la nutella, el kinder bueno, los ferrero roche y demás productos ricos de Ferrero.

Sí queridos, la fabrica de Ferrero está en Alba, un pueblecito de Piamonte a unos 70 km de Turín.

Ahora que los tengo tan cerquita podré ir y cumplir mi sueño de decirles que los Mon chery no le gustan a nadie.

2. El café Lavazza

Por supuesto, según los piamonteses, el preferido de los italianos.

A mí, más que su café, me interesa su proyecto The italian expirience. Una manera interesante y divertida de ganar un viaje a Italia por la patilla. Sólo hay que registrarse y grabarse haciéndole a los italianos una pregunta sobre amor, ocio, los placeres de la vida, amistad o el lifestyle. A la que los italianos responderán de la manera más autóctona posible. Cada quince días seleccionan una pregunta y una respuesta y éstos se convierten en los protagonistas de un capítulo de la serie. Los extranjeros viajan a Italia para dejarse aconsejar y los italianos visitan el otro país para ayudar a su nuevo amigo/a a poner en práctica la solución de la manera más italiana posible. Os dejo el vídeo para más info.

3. I Grissini

Sí, esos palitos de pan que todos nos comemos en los restaurantes italianos antes de que llegue el primer planto son, originalmente, de Turín.

4. La Fiat

Fabrica Italiana automobili Torino. El Fiat Group es uno de los grupos industriales más importantes de Italia. ¡Chínchate Milán con tus Alfa Romeo!