Un poco de fútbol

Sí, sí, he dicho fútbol. Ya sé que lo más cercano que ha estado nunca este blog del fútbol han sido las ceremonias de apertura y clausura de la Eurocopa y digamos que los resultados no eran lo que más me preocupaba. Pero es que esta vez es muy emocionante.

No estoy hablando ni del Atlético de Madrid y su copa del Rey ni del Barça y su liga ni de la Champions y… bueno, dejemos el tema de la Champions. Estoy hablando del C.D Metelinense. Ya sé que la mayoría no sabréis ni donde juegan, pero, no os preocupéis, ya os lo cuento yo.

El C.D Metelinense es el equipo de MI PUEBLO y juegan en las instalaciones deportivas con mejores vistas de toda la historia del fútbol español, el Estadio Municipal Juan Antonio Muñoz.

Estadio Municipal Juan Antonio Muñoz y sus vistas al castillo. Medellín.

Estadio Municipal Juan Antonio Muñoz y sus vistas al castillo. Medellín.

Pues resulta que este equipo no sólo le ha devuelto la ilusión futbolística al pueblo sino que además están a na’ y menos de ascender y a preferente, que no sé si lo sabéis, pero no es ninguna tontería. Eso sí, tienen que ganar los partidos que les quedan, pero no será por falta de apoyos, que está el pueblo volcaíto.

Pues eso, que a mi me hace ilusión, por razones obvias, porque la mayoría de ellos son familia de algún grado y porque con algunos de ellos me tomé mi primer cubata (y eso marca) pero sobre todo porque han prometido fiesta y creedme, eso, no me lo pierdo.

Iré informando de sus progresos.

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La final: España – Italia o cómo sobrevivir entre tanto italiano. Consejos básicos.

Que España e Italia lleguen a la final de la Eurocopa es emocionante. Que tú estés trabajando en Kiev y sepas que vas a poder colarte para ver el partido y a tu adorado Iniesta es más emocionante aún. Que tus compañeros sean 50 italianos es peligroso. Por eso si vuelve a pasar aquí están mis consejos básicos para sobrevivir a la hazaña.

– El día que Italia se clasifique evita llamar la atención en la oficina. Comenta el momento Ballotelli pero siempre de manera discreta y si ellos llenan la oficina de portadas de periódicos deportivos, tú confórmate con abrir el Marca digital y a escondidas.

En la oficina el día después del Italia – Alemania y la clasificación de los italianos para la final.

– Cuando te pregunten que tú con quien vas responde responde con calma “Con entrambi. Io festeggio comunque” Ensaya la respuesta en casa para sonar más convincente.

– El día de la final busca amigos. Si entre la afición de tu país encuentras a un tío de tu pueblo, (sí, de tu pueblo de 2000 habitantes) mejor que mejor.

Luís minutos antes del partido. Que nos tengamos que encontrar en Kiev…

– Durante la ceremonia pide que te pongan a controlar el ala española. Así podrás saludar a tíos de Talavera, que son mucho más majos que los tíos de Pavía.

– Durante el partido evita verlo al lado de los jefes. Pueden amenazarte con quitarte un mes de sueldo por cada gol de España. Celebra los goles pero con discreción y de vez en cuando suelta un “Dai Pirlo su” o “Grande Gigi”, así, para disimular.

Aquí ya iba 2-0. Bea se había resignado y había pasado al momento manicura. Nicoletta creía todavía. Pobre ingénua.

– Cuando acabe el partido haz como que no conoces “Paquito el chocolatero” y no saltes. Cuando toda la afición española cante el “campeones, campeones” hazte la sorda y si puedes resistirte evita gritar, “Iker quiero un hijo tuyo”

– En la fiesta de fin de producción invita a vodkas a diestro y siniestro. Que así se olvidan las penas. Evita beber uno por cada uno que ofreces o el día siguiente tendrás que dormir hasta las 6 de la tarde.

Para los que no vieron la ceremonia, que como todos sabemos era lo más importante, dejo el vídeo. Con los comentarios en ucraíno, que mola más.

Closing Ceremony

El partido de la muerte

Acaba de terminar el Ucrania – Francia. No vivo demasiado lejos del estadio y oigo a los aficionados, que, a pesar de la derrota, vuelven a casa contentos, borrachos y cantando. Mis conocimientos sobre el fútbol ucraniano no llegan más allá de conocer la existencia del Dinamo de Kiev pero el fútbol de este país tiene una historia que contar.

Durante la década de los años 30 en la Unión Soviética el fútbol se había vuelto muy popular y el Dinamo era uno de los equipos que aparecían siempre en la parte alta de la clasificación. Con la invasión alemana en 1941 muchos de los jugadores se marcharon al frente o se convirtieron en prisioneros de guerra.

Los pocos supervivientes se reunían en una panadería de la ciudad para buscar trabajo. Entre un trabajo y otro Mykola Trusevych, ex portero del Dinamo, y Iosif Kordik, dueño del local empezaron a fantasear con la idea de montar un nuevo equipo. Así fue como Mikola se puso a la búsqueda de sus antigüos compañeros y fundó el FC Start con 8 jugadores del Dinamo y 3 del Lokomotiv. Se inscribieron en la liga local y jugaron y ganaron varios partidos con equipos de guarniciones militares.

Cuando ganaron al Flakelf los alemanes empezaron a preocuparse pensando que las victorias de los ucranianos podrían disminuir la moral de las tropas. El Flakelf pidió la revancha que estuvo arbitrada por un oficial de las SS. Se dice que el FC fue advertido de que ganar ese partido podría tener consecuencias. A pesar de eso, ganaron y se negaron a hacer el saludo nazi antes del partido.

El partido de la muerte. Foto de The Death Match. Forgotten heroes

Cartel de la revancha.

El partido se terminó a los 60 minutos cuando el FC Start ganaba 5 a 3. Una semana después cuando ganaron de nuevo al Rukh comenzaron a ser arrestados, torturados y mandados en centros de concentración.

“Evasión o Victoria” (Jonh Huston, 1981) es una de las pelícuals inspiradas en los hechos. En 2012 y en plena víspera de la Eurocopa se estrenó “The Match” una película del director ruso Andréi Maliukov pero parece que ésta última no mantiene todo el rigor histórico que debería, o eso dicen los historiadores ucranianos donde la peli no ha gustado nada.

La tragedia de Superga… y sus consecuencias jurídicas, por Solitarius

La colaboraciones en 4ºpiano siguen dando sus frutos y yo la mar de contenta. Hoy tengo el honor de presentar la que quizás sea la colaboración más esperada por los seguidores de este blog, la de solitarius, quién si se hiciera un blog propio me robaría todos los fans. Se la pedí precisamente por eso y porque creo que de lo que habla la segunda parte de esta entrada, (un poco más complicada de leer, pero no menos interesante) es absolutamente desconocido hasta para los propios italianos y siempre está bien meterse en el arduo mundo del derecho de vez en cuando.

Esta vez mi flojera ha llegado a los extremos máximos, ni siquiera traducción ha hecho falta, mi aportación se basa en la búsqueda de las fotos y en el pequeñísimo comentario local sobre los incidentes en las celebraciones de este año. Así me gustan a mí las entradas.

LA TRAGEDIA DE SUPERGA… Y SUS CONSECUENCIAS JURÍDICAS

Estos días se cumple un aniversario más de la que quizá sea la peor tragedia deportiva de la historia de Italia, ocurrida precisamente a las afueras de Turín. A las 17,05 horas del día 4 de mayo de 1949 el avión que transportaba a todo el  equipo de fútbol del Torino, procedente de Lisboa, donde había jugado un partido amistoso contra el Benfica, se estrelló, a causa de las pésimas condiciones meteorológicas, contra el murallón del terraplén posterior de la Basílica de Superga, en las afueras de Turín. En el siniestro perecieron dieciocho jugadores, dos entrenadores, dos directivos y tres famosos periodistas deportivos, más toda la tripulación del avión, hasta un total de 31 víctimas mortales.

La niebla de Superga. Foto La Stampa

Restos del avión en la colina de Superga después del accidente

El impacto que tuvo la catástrofe fue inmenso: más de medio millón de personas asistieron a las honras fúnebres (otras fuentes dicen casi un millón); el Torino fue proclamado campeón de Liga (lo había sido cinco veces consecutivas en las campañas previas) y los equipos a los que correspondía enfrentarse con él lo hicieron con formaciones de juveniles, como tenía que hacerlo el propio equipo granate, en los cuatro partidos que quedaban por disputar de la liga. El River Plate argentino se desplazó a Turín con todas sus estrellas (incluido un joven Alfredo Di Stefano) para jugar el 29 de mayo, en un estadio lleno hasta la bandera, un partido a beneficio de las familias de las víctimas, contra un combinado de la Serie A del scudetto italiano, que tomó el nombre de Torino Simbolo.

Asistentes al funeral. Piazza Castello

Hay que entender que el Torino (llamado por entonces Il Grande Torino) era en los años cuarenta un mito deportivo en toda Italia. Diez de sus jugadores pertenecían a la selección nacional y sus partidos se contaban por victorias, incluso en el ámbito internacional (todavía no se había instaurado la Copa de Europa). La Wikipedia en italiano no tiene empacho en afirmar que “junto con [los ciclistas] Fausto Coppi y Gino Bartali el Gran Torino había contribuido con sus hazañas a dar lustre a una nación que buscaba recobrarse después de los terribles años de la guerra, del fascismo y de la ocupación alemana”.

La squadra

 Las repercusiones de la tragedia fueron duraderas, como lo ha sido su memoria. Al año siguiente, la selección italiana se desplazó al Campeonato del Mundo de Brasil ¡en barco! Todavía hoy, cualquiera que se moleste en rodear la preciosa basílica de Superga podrá ver en la parte posterior de la colina el modesto monumento funerario que recuerda la catástrofe, cubierto de bufandas y banderines del equipo, mensajes de pésame y flores que se renuevan cada aniversario.

Pero hasta las mayores tragedias tienen una vertiente prosaica…y de esa vertiente nos solemos ocupar los juristas. La tragedia de Superga se convirtió en el caso Superga, que estudiamos los especialistas en Derecho de daños de toda Europa. El club demandó a la compañía aérea el resarcimiento del daño sufrido, consistente en la imposibilidad de que los jugadores cumplieran su obligación contractual con la entidad demandante,  aduciendo que por las peculiares características de la prestación ésta no era sustituible. Pese al clima emocional que rodeaba al asunto, y aunque la negligencia era indiscutible, el club perdió la demanda en todas las instancias, manteniendo la Corte de Casación en la sentencia de 4 de julio de 1953  su doctrina tradicional, conforme a la cual el daño sufrido por el club futbolístico a causa de la muerte de los jugadores del equipo no puede considerarse consecuencia inmediata y directa del hecho lesivo, que con tales características sólo había incidido sobre el derecho de las víctimas a la vida y la integridad física.

La sentencia ponía asimismo de relieve, en relación con la causalidad del daño, que la utilidad obtenida por el club demandante por la actividad personal de los jugadores fallecidos podría desaparecer en cualquier momento “por una infinidad de  otras causas de la más variada naturaleza […] a comenzar desde luego por el voluntario incumplimiento de los mismos obligados”. Y frente a la pretensión del club demandante de acogerse a la excepción consagrada de la insustituibilidad de la prestación se replicaba finalmente de relieve que, a diferencia del caso contemplado en una sentencia anterior “un hermano […] es ciertamente insustituible, un futbolista no lo es tanto, o al menos no lo es con el mismo carácter absoluto, porque la propia aducida infungibilidad de la prestación no puede considerarse tan absoluta como se la hace aparentar, no pudiéndose excluir del todo la posibilidad de sustituir uno o más excelentes futbolistas con otros tantos no menos excelentes, tanto más que su selección se extiende hoy fuera de los confines de la Patria” .

 El Funeral

Pero, aunque la ley no cambie, con el paso del tiempo y el cambio de las circunstancias socioeconómicas y culturales cambia también su interpretación. Casi veinte años después del caso Superga se produjo el caso Meroni, derivado del atropello mortal por un conductor menor de edad de este futbolista, por azares del destino también perteneciente a la plantilla  del Torino, En este caso, el tribunal de apelación aplicó la doctrina Superga y denegó la indemnización pretendida por el club, entonces ya sociedad anónima, frente al padre del autor del daño. En cambio, la Corte de Casación, en una sentencia plenaria de 26 de enero de 1971, cambiando su jurisprudencia anterior, reconoció, al menos en línea de principio, el derecho al resarcimiento de la sociedad demandante, siempre que demostrase que había sufrido pérdidas efectivas y que obtener con otro jugador las prestaciones que le ofrecía el fallecido le había resultado más caro que en las condiciones contractuales que tenía con éste. Devuelto el caso al Tribunal de origen, el Torino no logró probar lo que se le exigía y finalmente no obtuvo indemnización, lo que fue confirmado por la propia Corte de Casación, en el llamado caso Meroni bis (sentencia de 29 de marzo e 1978, n. 1459).

Acaso los jugadores del Grande Torino y el no menos infortunado Meroni aspiraban a quedar en la memoria de los tiffosi locales; pero seguramente no podían imaginar que quedarían para siempre inmortalizados en los polvorientos tomos de los repertorios de jurisprudencia y de los tratados de Derecho de daños de toda Europa.

Este año, los ultras del Toro, hartos de que el equipo vaya de mal en peor, se portaban así de bien con su presidente;

Foto La Stampa