¿Qué está pasando en Turquía?

Mi blog amigo Tagli y mi colaborador más prolífico, Domenico Cerabona, vuelven a 4ºpiano para intentar darnos una visión de lo que está sucediendo en Turquía y de como se ha llegado hasta ese punto. Para los italoparlantes, cotillas en general o amantes de las fuentes originales en particular, aquí os dejo el link al artículo original publicado en Tagli el 3 de Junio.

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¿Qué está pasando en Turquía? Por Domenico Cerabona. Traducción Clara de Paúl

Manifestantes ondean banderolas de partidos de oposición en la concentración de la plaza Taksim, en Estambul. Foto El País

Manifestantes ondean banderolas de partidos de oposición en la concentración de la plaza Taksim, en Estambul. Foto El País.

Intentemos entender mejor lo que está pasando en Turquía. Es difícil, de hecho, imaginarse las razones que han provocada una revuelta así de rabiosa en un país que, a diferencia de los países de la famosa “primavera árabe” o de los europeos, que en estos días se manifiestan contra la austeridad, está viviendo una fuerte expansión económica y una creciente influencia internacional.

Empecemos por los hechos: En Turquía las manifestaciones comenzaron en la capital, Estambul y más precisamente en el barrio de Taskim. Las razones de la protesta eran aparentemente “banales”: el gobierno ha decidido destinar una zona verde, de uso público, a la construcción de un centro comercial. Una clara señal de la expansión económica de la que hablaba antes: la economía turca lleva años en constante crecimiento, mosca blanca del área mediterránea y su gobierno está promoviendo esta expansión en todos los modos posibles, hay quien dice, incluso, demasiado.

Está claro, que la transformación del parque de Taskim no es otra cosa que el clásico “casus belli” instrumental, los motivos son claramente otros, más profundos. Perdonadme, me toca hacer un poco de historia. Turquía es una república desde hace menos cien años y todo, o casi todo, se debe a un gran personajes: Mustafa Kemal Atatürk, un iluminado gobernante que en los años 20 depuso y abolió el califato, sentando las bases de una república laica y quizás, casi se puede decir, anti-islámica. Basta pensar que se prohibió el uso del velo de las mujeres en los lugares públicos…

En los años siguientes, sin embargo, por razones geopolíticas y no sin alguna responsabilidad europea, Turquía ha abandonado la senda del “laicismo” para acercarse cada vez más a sus raíces musulmanas (por ejemplo en el año 2000 ha sido abolida la ley del pañuelo de la que hablaba anteriormente) tanto que desde el 2000 está en el poder un presidente declaradamente musulmán y manifestante de la “islamización” de la sociedad turca. Justamente en estos meses se está llevando a cabo una revisión de la Constitución y muchos temen que se dirigirá hacia un abandono del concepto de república secular, como había sido concebida por Atatrük.

Es en este clima donde se explica la violencia de la protesta que se ha desencadenado ya en muchas ciudades del país. Las razones iniciales (que claramente afectaban a los habitantes de Taskim) han sido rápidamente arrinconadas para ser sustituidas por la rabia de muchos turcos. No es casualidad que los gestos de protesta sean fuertemente simbólicos: muchos manifestantes van a las manifestaciones con banderas con el busto de Ataturk o con una botella de cerveza, como sabréis las reglas islámicas prohíben las bebidas alcohólica, en lo que son claros símbolos de protesta respecto a la islamización de la sociedad y sobre todo actos de rebelión contra el Presidente Erdogan, acusado de ser autoritario para transformar Turquía en un estado islámico. El miedo de los manifestantes no se puede considerar del todo infundado visto que Erdogan ha llegado a estar incluso en la cárcel culpable por un cargo de incitación al odio religioso.

Un manifestante ondea la bandera con el rostro de Atartük en Ankara. Foto El País

Un manifestante ondea la bandera con el rostro de Atartük en Ankara. Foto El País.

Es a primera vez que Erdogan, presidente desde 2003, tiene que afrontar una protesta así de fuerte y sus respuesta no ha sido muy “tierna”. Amnistía Internacional ya de dos muertos entre los manifestantes y el propio presidente ha declarado excesiva la actuación de la policía.

Concluyendo, las razones de esta protesta son muy profundas, aunque quizás sea excesivo hablar de “primavera turca”. A diferencia de países como Egipto, Túnez o Argelia, Turquía es una república solida y el mismo Erdogan, por mucho que se la atribuyan desde diversos frentes tendencias autoritarias, ha sido elegido de manera democrática más de una vez, por lo tanto es necesario estar atentos antes de llegar a conclusiones demasiado rápidamente..

Domenico Cerabona

Os dejo un link a otro blog amigo o más bien al blog de un gran amigo. Fernando desde la misma Esmirna, la tercera ciudad de Turquía, nos da sus “Seis detalles de los que pasa en Turquía”.

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El sueño de Boston

Ayer al despertar, ni siquiera me había dado tiempo a abrir del todo los ojos, ni mucho menos a leer el periódico, cuando ya tenía un mensaje de Lore en el teléfono “Che merda Boston”. Al principio no entendí nada, pensé en que se habría equivocado o que me estaba hablando de alguna conversación que habríamos tenido días atrás y que yo ahora no recordaba. Hasta que vi el periódico y me encontré con la noticia de los atentados. Inmediatamente entendí el mensaje de Lore y porque me lo enviaba a esas horas a las que sabe que, ni loca, estoy despierta.

Los actos terroristas, sí, son todos terribles e inhumanos, pero ¿por qué el maratón? Quizás la mayoría no entendáis el porque de tanta congoja por el hecho de que haya sido durante la celebración de este acto. Diréis, da lo mismo, es un acto terrorista igualmente condenable, lo mismo sea en un maratón, una estación de trenes o en un centro financiero. Y tenéis razón. Pero desde octubre de 2011 el maratón para mí no es lo mismo y si seguís este blog, seguramente para vosotros tampoco lo sea. (Estoy hablando de esto)

Una vez más recurro a uno de mis maratonianos preferidos para que os intente explicar, seguro que mejor que yo, el porque de esa congoja. Como siempre podéis leer el original en italiano en tagli.me

Grazie di nuovo a Tagli e grazie di nuovo al mio amato @Domenico Cerabona a chi voglio bene anche se si è dimenticato il mio compleanno.

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Correr el maratón de Boston es, creo, el verdadero sueño de cualquier amante de la maratón. Nueva York es el sueño de los guays, para poder así contárselo a los amigos inexpertos que no saben que para inscribirse basta pagar o ganar un sorteo. Los verdaderos corredores, sin embargo, sueñan con hacer la de Boston porque para inscribirte tienes que presentar una buena marca, aunque pagues.

Para muchos es una ocasión única en la vida, el maratón de los maratones: hay quién pasa años antes de conseguir hacer los 42.195 metros en un tiempo lo suficientemente bueno como para poder calificarse para Boston.
Precisamente por esto, como maratoniano, ayer me quedé bloqueado con la noticia del ataque a en la meta del maratón: me solidaricé inmediatamente, antes que con las víctimas, con los millones de personas a las que les han robado un sueño.

De hecho, es probable que quien haya sido el que ha llevado a cabo esta locura, más que a las personas quisiera golpear a uno de los símbolos más clásicos de los Estados Unidos y a la vez un lugar de encuentro de millones de corredores de todo el mundo llegados a Boston para cumplir un sueño.

Y además, el lugar en el que se han cometido las explosiones: la meta. La llegada de un maratón es casi un lugar sagrado, igual para todos, pero al mismo tiempo (cito las palabras de mi mejor amigo y también maratoniano) emocionante y personal, donde precisamente, para el que consigue hacer su “personal”, se realiza un deseo completamente subjetivo e individual.

Probablemente podría continuar horas explicando porque todo esto me parece absurdo, pero lo dejo aquí. Desde hoy tengo un motivo más para soñar en clasificarme para Boston.

Maratón de BostónEl momento de la explosión. La Repubblica.it

¿Qué está pasando en Italia? Explicado a los españoles.

Los días 24 y 25 del pasado mes de febrero se celebraron las elecciones italianas. Desde entonces se ha hablado mucho y se ha entendido muy poco, por lo menos desde España. Con este artículo traducido de Tagli, mi “blog amigo” en el país de la bota intento dar una visión más clara de todo lo que está pasando y lo que pasará.

Grazie Tagli e grazie Domenico per questa collaborazione a distanza.

Versión en italiano/versione in italiano qua: In parole povere: perché rischiamo lo stallo istituzionale.

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Existe mucha confusión sobre todo lo que está pasando y pasará en los próximos meses en el Parlamento italiano. Sobre todo, hay mucha confusión sobre cuales serán los trámites a seguir. Son muchos los que están hablando pero pocos nos aclaran que sucederá. En cualquier caso, probemos a ver paso a paso cuales serán los momentos más importantes y los posibles puntos sobre los cuales hay riesgo de que se bloquee la institución.

Partamos de los puntos fijos: el nuevo parlamento debe constituirse, como máximo, veinte días después de las elecciones, es decir, el 15 de marzo como tarde. Parece que el Presidente de la República quiere acelerar el proceso. Ya veremos.

En seguida llegamos a la primera fase delicada. Uno de los primeros actos de las Cámaras es el de elegir a los respectivos presidentes. Sin embargo, como todos sabéis en el Senado no hay mayoría y las fuerzas que se sentarán en Palazzo Madama, [la sede del senado de la República] parecen estar lejanas de un acuerdo. ¿Qué sucede si no se llega a una mayoría para elegir al Presidente del Senado? No creo que haya pasado nunca, por lo tanto incluso los especialistas podrían tener dificultades para resolver esta encrucijada.

Supongamos que se consigue superar este primer obstáculo y que las dos Cámaras se establecen regularmente. Es aquí cuando nos vamos a empezar a divertir de verdad. En los artículos 92 y 94 de la Constitución se dice: “El Presidente de la República nombrará al Presidente del Consiglio [que es lo que viene siendo el Primer Ministro en otros gobiernos, aunque con menos responsabilidades con respecto a otros Estados] y bajo la propuesta de éste, a los ministros” “En diez días se presenta a las Cámaras para obtener la aprobación de éstas”

Volvamos, por lo tanto al problema de la mayoría del Senado. Por el momento, simplemente no existe. Ni que decir tiene que sin un acuerdo entre al menos dos de los tres partidos más consistentes, (PD+SEL, PDL+Lega e M5S) ningún gobierno podrá obtener una mayoría en el Senado.

Y, ¿qué sucede cuando esto pasa? La doctrina jurídica lo deja claro: las Cámaras que no consiguen aprobar el Gobierno, se disuelven. O lo que es lo mismo, se convocan nuevas elecciones.

Pero no os emocionéis, sería demasiado fácil. La complicación llega porche nos encontramos en lo que se conoce como “semestre blanco” o lo que es lo mismo, los últimos seis meses de mandato del Presidente de la República, durante los cuales, según la Constitución, tiene la tarea de disolver las Cámaras, (art.88) no puede hacerlo durante los últimos seis meses de su mandato.

Captura de pantalla 2013-03-07 a la(s) 19.22.47Giorgio Napolitano. Presidente de la República.

Nos encontramos en el segundo y claramente más claro estancamiento institucional: de hecho las Cámaras no podrán ser disueltas hasta la elección del nuevo Presidente de la República. Por lo tanto hasta ese momento, (aproximadamente a finales de Abril, principios de Mayo) será imposible celebrar elecciones y buscar una nueva mayoría en todas las Cámaras.

Y ¿qué pasa hasta que un nuevo gobierno no obtiene la “fiducia”? Esta es la parte más fácil: el antiguo gobierno sigue siendo el encargado de llevar a cabo la administración, es decir, todas aquellas tareas para las que no sea necesario el voto del Parlamento.

Como veis y para usa un término jurídico, “un buen lío” .

(…)

Captura de pantalla 2013-03-07 a la(s) 19.25.08

L’ Italia per principianti

Era una de esas típicas tardes de lluvia turinesa en las que al Po le da por desbordarse y llueve como si se fuera a acabar el mundo. Yo tenía un encuentro en el típico bar turinés con Enrica y aunque todavía no nos habíamos conocido yo ya era fan. Para que ella me reconociera me autodescribí como la típica española, (aceptémoslo, se nos reconoce a la legua). Pero la descripción no hubiera hecho falta, me delaté yo sola; llegué 20 minutos tarde, (culpa de la lluvia, obviamente, que no de mi precisa puntualidad española)

El encuentro fue como todo encuentro español/a – piamontés/sa; yo me quejaba del tiempo y de la lluvia, estaba empapada, tenía los pies calados y mi flequillo no había soportado las inclemencias del tiempo, (un cuadro, vaya). Ella, sin embargo, hacía gala de su super poder piamontes que les hace ser indiferentes al mal tiempo y a la lluvia; todos los pelos en su sitio, ni una mancha de agua y una sonrisa de “in realtà non piove tanto, dai” (diluviaba, lo juro. Los periódicos hablaban de aluvión y nos aconsejaban quedarnos en casa… que luego me decís exagerada)

De ese encuentro tan típico salió este proyecto que ahora os presento y con el que estoy la mar de emocionada. Enrica me habló de cervellifuori, un diario de cinco italianos en el extranjero y me propuso hacer de “cervello dentro” y contar en 21 entradas, una por cada letra del alfabeto, (el alfabeto italiano) mi experiencia. Evidentemente yo acepté enseguida, aunque no tenía muy claro como se me daría escribir en italiano.

Todo esto tomó forma ayer con la primera entrada, A come aperitivo. Cada martes podréis encontrar uno nuevo, desde la A hasta la Z. Además mis chorradas están animadas con las ilustraciones de Ilaria, otra grande de la vida.

Animaos, si ellos pudieron con el español vosotros podéis con el italiano. ¡Haceros fan del blog, comentad y difundid!

Ilustración Ilaria Crivello

Ost Berlin, west berlin

Pasar el año nuevo en Berlín puede ser muchas cosas pero es sobre todo peligroso. La noche del 31 los berlineses pierden todo rastro de su tan afamado y admirado sentido cívico y empiezan lo más parecido a una guerra civil que he visto en mi vida. Fuegos artificiales, algunos casi de mi tamaño, vuelan por todos lados sin ningún tipo de control durante más de una hora. La ciudad queda cubierta de humo y con un fortísimo olor a pólvora que permanece en la calle durante días.

Más allá del momento dramático, Berlín estaba tan estupenda como siempre y mi tercera visita me ha dado grandes alegrías. Entre las más destacadas ver a mi novia alemana, que también estaba estupenda o caminar por un antiguo aeropuerto y emblema histórico de la ciudad.

Aeropuerto de Tempelhof. Foto Max Pfeiffer.

Por otro lado y como empieza a ser común en mi relación con Dome terminé metida en medio de no sé muy bien dónde haciendo no sé muy bien qué. Dejo que sea él quien lo explique… a ver si así me entero yo también.

Live in Pankow por Domenico Cerabona (Originale in Italiano, qua)

“¿Habéis ido a Pankow? Habéis hecho bien, yo no he estado nunca” Estas fueron las palabras de Doro, berlinesa de residencia, cuando le dijimos que habíamos ido a Pankow, un barrio de la periferia de Berlín que los berlineses conocen fundamentalmente por ser la cabecera de una de las lineas de metro.

Estación de metro de Pankow. Foto iPhone de Dome.

Y efectivamente, más allá de aquellos que viven allí no hay motivos particulares para ir a Pankow y sinceramente para aquel que esté en Berlín de turismo no tiene ningún sentido ir, no hay ni museos ni ninguna atracción turística. A este punto os estaréis preguntando, ¿y entonces, qué narices habéis ido a hacer allí? Para los otros tres participantes de la expedición la respuesta es simple, seguir los caprichos de un descerebrado, o sea, yo.

Ni siquiera yo sabía muy bien donde estaba Pankow antes de este viaje, creía que estaba en cualquier ciudad del este europeo. La conocía solo por un motivo; una canción Live in Pankow, de los CCCP – Fedeli alla linea. Un grupo que llegó a su ápice y disolución en los años 80; un grupo que definía su propia música como punk filosoviético, música melódica emiliana1.

Habría mucho que decir de los CCCP, su “historia” es compleja y fascinante, en particular la de Giovanni Lindo Ferretti, cantante y líder del grupo que ha pasado de comunista a discípulo de Ratzinger, de una manera controvertida pero no trivial. Me limitaré solo a decir que conocí a los CCCP gracias a mi hermano, que debo reconocer tiene buen gusto para la música. Una vez me describió a los CCCP como “el único grupo italiano por el cual nos la pueden chupar en el extranjero”. Soy consciente de que es una crítica un poco… demasiado simple pero eficaz y evidente.

 En cualquier caso, mi pasión por los CCCP no puede considerarse solo musical. Su música y sobre todo los textos de Giovanni Lindo, tienen para mí un efecto terapéutico. Educado, como he sido, a pensar en política de forma racional y pragmática, de vez en cuando necesito evadir este “rigor reformista” y dejarme llevar en discursos y excesos comunistas puros y duros. Y ¿cómo dar rienda suelta a estos instintos mejor que con el punk filosoviético?

Por lo tanto, de vez en cuando necesito “rifugiarmi sotto il patto di Varsavia” y “voglio un piano quinquennale e la stabilità” como gritaba la masa. Por eso no me pude resistir, tenía que llegar al final de la línea S9 solo para gritar: Live in Pankow!!!

1Emilia Romagna. Región italiana.

A Cesco

Llegué un par de meses tarde para poder conocer a Cesco, (peccato) pero a día de hoy es como si lo conociera de toda la vida. Conozco sus anécdotas al dedillo, algunas las he oído tantas veces que casi podría decir que las he vivido. Sé cuales son sus grupos y canciones favoritas, sus obsesiones y sus pasiones. He visto todo tipo de fotos de él, de ellos; de pequeños, de adolescentes, de adultos…Y si es así es gracias a que i braders han querido compartir conmigo una de las etapas más importantes de su vida.

Porque su amistad es una de las cosas más bonitas que he visto, sin haber visto, porque los quiero como si los conociera de toda la vida, porque yo también sonrío cada vez que en la radio dan una canción del Boss y porque él se merece esto y mucho más he querido dedicarle este post a Cesco y no se me ocurre nadie mejor que uno de ellos para escribirlo.

I Braders, Lore, Cesco, Dome

A Cesco, por Lorenzo Cane

(Podéis encontrar el original en italiano aquí)

Mi primera colaboración coincide con un evento muy especial para mí, y de alguna manera también para quién gestiona este blog: estoy hablando del aniversario de la pérdida de Cesco, un amigo, un hermano, un Braders, y por lo tanto, seguramente un tercer novio para Clara, si hubieran podido conocerse. Me entristece que no hayan tenido la fortuna de encontrarse porque estoy seguro de que se lo habrían pasado muy bien juntos y que habrían estado en sintonía.

Hace un año estaba perdido, todo me parecía de nuevo sin sentido después de haber tenido que afrontar la pérdida de mi hermano pero ahora, aunque me queda la tristeza de no poder compartir noches y risas con Cesco, me queda sobre todo su fuerza. Me sorprende pensar que ya haya pasado un año, quizás porque no me parece real, quizás porque no lo es. Siento que en este año Francesco me ha dado tanto, fuerzas, ganas de luchar y de vivir. Tengo muchos recuerdos suyos pero quería contaros la última vez que nos vimos.

Primero me gustaría abrir un paréntesis para introducir al personaje y la relación que tenía con Dome y conmigo, para quién no nos haya podido ver juntos. En Octubre deberíamos haber ido a ver a Santana a Milán y Cesco que no se encontraba bien así nos envió un mail que decía más o menos: “Tengo gripe. No tengo más remedio que dar las entradas para el concierto. Espero sonoras collejas por haberme puesto malo”. Esta anécdota deja claro como los tres habríamos encajado la pérdida del viaje.

Vuelvo a la historia de nuestro último encuentro: Domenico y yo pasamos por su casa para charlar y reírnos un rato y ya que estábamos allí, Piero (el padre de Francesco) nos pidió ayuda para mover un sofá. Recuerdo que cambiamos el sofá y seguíamos charlando y riendo con él, y me acuerdo perfectamente su sonrisa irónica, con la ceja levantada, en una de sus clásicas “muecas”. Recuerdo como si lo tuviera delante como Cesco nos miraba, despeinado, sentado en su “Spider” a pesar de que no estaba en su mejor momento. Recuerdo que al despedirnos él se giró y volvió hacia el salón de su casa con su clásico estilo.

Esta no es una escena ni rara ni divertida pero os aseguro que cada momento del día soy capaz de acordarme de esa mirada, esa sonrisa, un reflejo clarísimo de su personalidad y de lo que nos divertíamos juntos, bastaba poco para crear una comedia. Echo de menos la armonía que teníamos. Recuerdo que el día del funeral, uno de nuestros amigos del equipo de atletismo me dijo: “sólo os he visto a los tres juntos una vez, pero me ha bastado para entenderlo todo”.

He leído muchas veces el discurso que dí en el funeral (en español aquí) y cada vez que lo hago sonrío al recordar la risa espontánea de todos los presentes cuando dije “¿A qué le silbas Cesco? – A nada”. Cesto estaba siempre contento cuando estábamos juntos. En la Vanette, nuestra Bradersmobile, habitualmente silbaba una canción mientras nos dirigíamos a la siguiente “braderata” pero nunca nos daba la satisfacción de una respuesta. ¡Qué cabezón, qué grande!

Para mí es una enorme alegría pensar en aquel momento en el que todos estábamos tristes pero que fuimos capaces de reír con una de sus frases, de pocas palabras pero que eran siempre adecuadas.

Ciao Braders

Cuando la maratón entra en tu vida…

Cuando la maratón se convierte en tema de conversación de tus cenas, comidas y salidas nocturnas, cuando un sábado por la noche te tienes que ir pronto a casa porque todos tus amigos al día siguiente madrugan para correr 30 km, cuando tu chico te despierta un domingo a las 9 de la mañana para ir a correr al parque y empiezas a conocer los nombres de todos los récords mundiales, tienes que aceptarlo, desgraciadamente, el deporte ha entrado en tu vida, pasivamente claro.

Cuando además eres lo más “floho” que se despacha y por tu armario non han pasado unas zapatillas de deporte desde que ibas al instituto, la cosa empieza a ser dramática. Pero todo este sufrimiento y odio hacia todos los cuerpos sanos y deportivos que rodean tu vida queda compensado cuando ves a uno de esos cuerpos atravesar la línea de meta. Ya me pasó en Trieste cuando vi llegar a Dome. Mis ojillos, generalmente pasivos ante cualquier evento de este tipo, se humedecieron como con la comedia romántica más cursi.

Imaginaros por lo tanto, como estaban cuando vi llegar a Lore, (a mí Lore, como diría mi madre), yo, que me había chupado todos los entrenamientos de los domingos y que sabía lo que significaba esa maratón para él en esa ciudad tan importante en su vida. Más o menos como si hubiese corrido yo los 42 km, vaya.

Pero como yo no entiendo de datos técnicos, ni soy su mejor amigo con funciones de entrenador personal, ni iba a su lado en una bici naranja para echarle agua por la cabeza, dejo hablar al experto.

Los 42 km de Lore en Lyon, por Domenico Cerabona

Original en italiano

Para mí este post es una obligación, una promesa o mejor dicho, un acto de humildad. Cuando Clara me pidió que escribiera sobre “la maratón” y en particular sobre la “Maratón de Lore”, le confesé que no me sentía en grado de hacerlo. Principalmente porque es muy difícil intentar contar una maratón a alguien que no la ha corrido nunca; escritores profesionales, artistas increíbles, lo han intentado y no siempre han sido capaces, por ejemplo, Haruki Murakami escribió, lo que para mí es una obra de arte, “What I talk about when I talk about running”, sin embargo muchos de mis amigos maratonianos lo han encontrado aburrido y poco interesante… Por lo tanto, ¿cómo podría yo conseguirlo si escritores mejores que yo han fallado? Y sobre todo, ¿cómo puedo escribir sobre la maratón de mi mejor amigo, más que un hermano, sin ponerme cursi y melodramático? Pues bien, estás eran mis dudas, dudas que Clara ha disipado diciéndome: “ouuuuuuu devi scriverlo”. Por lo tanto, aquí estoy.

Decía, es difícil describirle una maratón a quién no haya corrido una, quizás la cosa más fácil sea empezar por el principio. La maratón son 42 Km con 195m, ni uno más ni uno menos. Muchos preguntan habitualmente: “¿Pero has corrido la maratón de Nueva York?” Como si la de la Gran Manzana tuviera algo de especial más allá del paisaje. Pues bien, queridos amigos, no. La de NYC es una maratón espectacular, que todos soñamos con correr porque tiene encanto, pero la distancia a recorrer es siempre la misma maldita distancia, en Nueva York o en cualquier otra ciudad de mundo. Y sobre todo, la maratón tiene una sola distancia, esa, no hay maratones más cortos o más largos; a menudo oyes decir: “ayer corrí una maratón”, “En serio”, ¿cuánto tardaste?”, “mah, una hora…” Ve tú a explicarle que la carrera de 5km organizada el domingo por la tarde por la parroquia del barrio, no es una maratón sino una simple carrera…

Pero no divaguemos, volvamos al maratón. Otra cosa que es necesario saber es que la corras en 2.03.38 (nuevo récord del mundo), o la corras en 4 horas (tiempo en el cual la mayor parte de los aficionados maratonianos hacen en las grandes maratones internacionales) cuando llegas alrededor del kilómetro 35; aparece eso que llaman “el muro”, tu cuerpo te dice solo una cosa: “Basta, yo no corro más”. En este punto entran miles de factores que te pueden hacer llegar a la meta o parar en seco, sin ser capaz de dar un solo paso más. He experimentado esta sensación en Pádua, en el kilómetro 38 simplemente no era capaz de seguir hacia delante; y no hay modo de conseguirlo por mucho que pueda parecer absurdo que después de haber corrido 38 kilómetros no seas capaz de correr otros 4.

Después de esta descripción podréis preguntaros que es lo que lleva a millones de personas en todo el mundo a afrontar este tipo de sufrimiento. Yo os puedo decir solo mi opinión personal. Corrí la primera maratón por mérito de Stefano Baldini, el blanco más rápido de la historia, héroe nacional desde que en el 2004 ganara la Maratón Olímpica de Atenas; incluso mi madre, notablemente desinteresada por el deporte, se sorprendió llena de lágrima después de aquella hazaña: junto a la victoria del Mundial de fútbol de 2006 la mayor emoción que me haya jamás dado un evento deportivo. Desde aquel momento decidí que tarde o temprano correría un maratón.

Después de algunos años lo hice, en el 2009 e desde entonces prácticamente no he parado de correr. Es algo que es difícil de explicar, pero la conciencia que se consigue afrontando un esfuerzo similar transciende a la comprensión humana, desde mi punto de vista. El hecho de ser catapultado en un mundo en el cual la única cosa que te parece importante es dar otro paso te hace que todo lo demás esté clarísimo. De hecho, difícilmente oiréis a alguno que haya corrido solo UN maratón, una vez se empieza, se para solo por una lesión y solo si es grave, hay gente que conozco que corre a pesar de que toda la comunidad médica mundial se lo haya desaconsejado.

El bueno de nuestro Lore es el clásico “aficionado dominguero” transformado en maratoniano. Recuerdo claramente cuando hace menos de dos años, juraba: “No Dome, en esto no me vas a convencer, no correré nunca una maratón”… Y debo confesar, que verlo llegar a la meta de la de Turín en noviembre del año pasado ha sido una de las mayores satisfacciones de mi vida y creía que, difícilmente, Lore habría conseguido emocionarme más; sin embargo con esta hazaña lionesa me ha realmente sorprendido. Porque la primera maratón la había preparada y corrida un poco inconscientemente, con el espíritu de Coubertain, “lo importante es terminar”. Esta vez, por el contrario, tenía un objetivo, hacerla en 3 horas y 30 minutos, un objetivo que muchos que corren desde hace años no han conseguido nunca. Y me ha sorprendido realmente el coraje con el que ha conseguido su objetivo: estaba con él en los últimos km y lo he visto llegar a la crisis, inevitable, en el kilómetro 35. Como decía, basta muy poco para bloquearse, ralentizar o dejar de correr. La energía, un aspecto del carácter de Lore, no la había visto nunca así de fuerte, no paró, me emocionó como si fuera yo el que la estuviera corriendo. Y debo confesar que me sentí aliviado cuando fue él el primero (por poco) en llorar, me habría sentido un verdadero idiota si hubiera sido yo, el que no había corrido el maratón, el que se conmoviera por la llegada.

Debo añadir además, que en un relato sobre maratones, leí una frase iluminadora: “Sirve un pueblo para recuperarse de un maratón”. En el sentido de que entre los muchos factores que ayudan para no tirar la toalla cuando llega la crisis, es saber que tienes el apoyo de las personas a las que quieres y quizás este sea el aspecto más importante. Y creo que fue fundamental en este caso específico, el “clan” que durante todo el fin de semana estuvo cercano a Lore fue realmente grandioso y visto que soy yo quién escribe y no él, me permito agradecérselo personalmente uno por uno: Clara, Estelle, Silvia, Valeria, Mathieu, Michele y Ricardo. Un ejemplo entre tantos, en el kilómetro 41, justo antes de la recta final, hay un paso subterráneo con una cuesta realmente maldita: yo que la había pasado primero con la bici para ir a buscarlo, estaba preocupadísimo. Pero cuando llegábamos al puente vimos tres banderas: una francesa, una occitana y una italiana y a los pazzi scatenati que gritaban en equipo: eran los fans de Lore. Y mientras los demás corredores se “paraban” en la cuesta, Lore sprintó superándola y llegando hasta el final. Estoy casi seguro de que son esas banderas y sin los que gritaban no habría sido capaz de llegar en 3 horas, 30 minutos y 42 segundos.

Lore y Dome y un señor saludando a sus fans.

 

Preparándonos para el momento.

La salita maledetta.

Reunión de equipo.

Pedro Santana, por Blanca Valls

Por un día 4ºpiano traspasa las fronteras italianas y las traspasa mucho para irse a Pedro Santana, pueblo de la República Dominicana, (creo que pueblo es una palabra muy grande para este sitio)

Allí, Blanca, una de las personas que lleva más tiempo soportándome en esta vida y una de las que yo más quiero, ha pasado un mes haciendo de medicucha, ayudando a las gentes del lugar y, conociéndola, haciéndose amiga de todo bicho viviente. El relato me ha parecido tan maravilloso y tan… de Blanca, que me ha costado mucho decidir como subirlo al blog. Al final he optado por subir solo la segunda parte, y dejar de lado el relato histórico, pero para curiosos, como siempre se puede encontrar entero aquí. La versión historiadora de Blanca, merece la pena.

Pedro Santana y sus cosas (II).

La historia de la República Dominicana sigue y sigue y no para. Es una historia que es un lío gigantísimo de gente que siempre acaba volviendo y que te explica por qué el país está como está y va por el camino que va, y parece que no avanza: políticos corruptos, la educación una necesidad en vías de extinción, complejos hoteleros que hacen ricos a los extranjeros… y un millón de cosas que hacen que te preguntes hacia dónde va el mundo. Pero yo no he venido a hablar de eso. Sino de cómo Pedro Santana, en 23 días, se ha quedado un cachito de mi para siempre.

Pedro Santana pertenece a la provincia de Elías Piña pero no es la capital de la provincia (ésa es Comendador). Está en la esquina del cuernecito ese que se escapa del país. Y Elías Piña, era en 2005 –y sigue siendo hoy en día- la provincia con mayor porcentaje de hogares en extrema pobreza del país.

Pero eso es sólo un dato que no nos dice nada de nada, ni de la vida ni de la gente que allí vive…

Allí, en ese rinconcito del mundo que hasta googlemaps destierra, viven unas 150 familias dignas de conocer. Allí, el techo de la mayoría de las casas no se junta con las paredes, el agua no es corriente (y algunos días ni siquiera es), no hay grifos, duchas o cisternas, y la luz es una cosa que viene y va al antojo de no se sabe qué. Allí, andar es para otra gente y todos van en “motor” –moto-, el deporte nacional es ver pelearse a unos gallos, las telenovelas las sigue hasta el último mono, se cree en las brujas y se le tiene miedo a los “indios” que quedan escondidos en los bosques. La banda sonora de cada segundo tiene ritmo de bachata o merengue, tener armas es lo más normal del mundo, se baila cada vez que se puede, el café sabe a gloria bendita bien dulce, hace un calor infinito, y llueve.

Casa amarilla, nuestra casa. Tendedero. Cuarto de baño y del gallo. El patio.


Los gallos y las cabras pasean por las calles, los sapos se cuelan en tu tanque de agua y las cucarachas tienen el tamaño de mi pie. Hay mosquitos e insectos de todos los tamaños y colores que son inmunes a los repelentes, y el agua de la lluvia te ayuda a fregar los platos. Los profesores no van a la escuela, y los niños saben lo que saben y nada más. El paisaje es una maravilla, se ven infinitas estrellas –o más-, el verde de los montes te dice si pertenecen a Haití o si son dominicanos, y las vacas son robadas de unas tierras a otras por desdichas del azar. Allí, trabajar es una carga que da la vida, hay hermanos que no tienen ningún apellido en común, tener hijos a los 14 no es raro, y parir en casa una rutina. El hospital es un lugar donde con tres diagnósticos se salva el mundo, y se salva. Los coches, 4×4 que se llaman “jeepetas”. La comida es arroz, habichuelas y pollo. También es plátano frito, guineo y yuca.

Nuestros niños jugando.

Allí, no hay paradas de autobús, hay un mercado los martes, las mujeres son doñas y los limoncillos las frutas favoritas de los niños. Pedro Santana es su gente, su cultura, su música, sus colmados (ultramarinos), sus costumbres feas y bonitas, es tener la puerta de la casa abierta, es ser motivo de conversación, es pasar mucho calor y rascarte las piernas porque te han acribillado los mosquitos. Es hablar con las mujeres y que todos te espíen a través de las ventanas. Es invitar y que te inviten a café, que te ayuden a limpiar el patio. Es buscar la sombra de un naranjo/limonero y respirar aire puro, cerveza Bohemia o Presidente. Es ron Brugal. Bailar mucho. Es enfadarse con sus formas y no entenderlos, y envidiar su no estrés ante la vida. Son muchas personas a las que quiero, un equipo de españoles a quienes además admiro, gente que te saluda desde las puertas de sus casas, un abuelo que te da un cinturón para poner orden. Subirte a un autobús a las cinco de la mañana y entrar en una fiesta de bachata y merengue, despertarte con el canto de los gallos, o una pelea de perros. Dormir bajo una mosquitera que deja que se cuelen los mosquitos, buscarlos con una linterna, tener un perro guardián y no poderlo tocar por miedo a lo que pueda contagiarte. Son dos niños entrando a todas horas en casa, esconder una radio bajo la cama, hacer cosquillas y pintar con colores. Jugar a la comba, a las cuatro esquinas, explicar las reglas de pañuelito, que nadie las entienda. Es hablar con un acento precioso y palabras raras. Es mucha vida.

Un autobús. En carretera.

Colmado de la Chunga.

Es un montón de cosas que hacen que quiera volver, que eche de menos. Que hacen que haya que explicarle al mundo que la República Dominicana es mucho más que un hotel con todo incluido en Punta Cana. Que la República Dominicana son muchos pueblos como Pedro Santana. Donde hay mucho por hacer y sobre todo, infinito por aprender y descubrir.

Bolo, nuestro perro guardián.

PS. Para quitarle un poquito de sentimentalismo al artículo y que no penséis que soy una cursi, os pongo una canción la mar de apañada de “El chaval bachata” que para vuestra información es un taco de famoso y buena gente, y coincidimos con él en el avión de Madrid a Santo Domingo. Y que no me hice su amiga pero lo vi.

Basilicata coast to coast. Por Domenico Cerabona

Basilicata es una región del sur de Italia situada entre Calabria y Apulia y bañada el Jónico y el Tirreno. Históricamente conocida como Lucania, es una tierra de historia, cultura y paisajes. En mi estancia italiana todavía no he tenido la suerte de poder darme un garbeo por el Sur, y hasta que ese momento llegue no se me ocurre nadie mejor que mi mayor colaborador y gran conocedor de la zona, Domenico Cerabona, para narrar las maravillas de esta región.

El relato que he colgado es un poco más corto que el original, que se puede encontrar entero y en italiano  aquí.

Far West? No, Basilicata. Domenico Cerabona

[…] He decidido convertir el diario de viaje en una serie de relatos cortos sobre los diferentes episodios que nos han sucedido no teniendo porqué estar necesariamente éstos en orden cronológico. Espero haber sido capaz de escribir algo bueno. […] Mis compañeros de viaje (también compañeros en el sentido literal) en estas vacaciones “on the road” eran Lorenzo, obviamente, y la nueva incorporación, Fabio “Stone” Sasso[1], este último asumiendo su propio riesgo y peligro decidió formar parte de una expedición Braders. Sé, que vista la afinidad y cotidianeidad con la cual Lore y yo afrontamos el mundo, estar con nosotros, de viaje, durante casi dos semanas, puede ser una tarea difícil. Pero tengo que decir que Fabio, después de un par de días necesarios de asentamiento, se ha revelado como un  compañero de viaje divertido brillante, incansable y sobre todo, abierto a todo, ¡incluso a los increíbles almuerzos a los que le sometíamos!

Camiseta conmemorativa del viaje.

Sant’Arcangelo, el “pueblecito” de la familia de mi padre es el clásico pueblo lucano. Pequeño y arrocado. Lo he visitado bastante en los últimos años […] pero la sensación que me ha provocado esta vez es que es que, lentamente, se está convirtiendo en un pueblo fantasma. Los habitantes y las actividades principales se están mudando y en el barrio de San Brancato y en el centro quedan solo los habitantes históricos.  Espero equivocarme, de pequeño he vivido varios veranos la vida del pueblo, tengo recuerdos buenísimos y siento una fuerte unión con mis raíces “Sat’Arcangelianas”, me disgustaría que desaparecieran del todo.

Sant’Arcangelo la nuit. Foto; Comune di Sant’Arcangelo.

De todos modos, Sant’Arcangelo ha permanecido como el tipo de pueblo en el que las puertas están siempre abiertas, todos se conocen y sobre todo hablan de todo con todos, tanto es así, que apenas habíamos puesto un pie en el pueblo, en la plaza todos sabían que habíamos llegado. En un pueblo de este estilo, podéis imaginaros la lógica con la que se lleva un “hotel”. Es fácil, se hace con la política de la puerta abierta; es decir, sin recepción. Podéis llegar al “Gattopardo”, el hotel donde nos hospedábamos, a cualquier hora, difícilmente encontraréis a alguien que os acoja. Podréis pasar las horas llamando a la campanilla del mostrador, (asumiendo que la haya, que no lo creo) y ninguno os responderá. Un cartel indica  “contactar con Michele en su habitación si no se encontrara en el hotel”. Generalmente, podréis encontrarlo sentado en el exterior del bar a pocos metros de allí. Por lo tanto las llaves de las habitaciones están en recepción, queriendo, cualquiera podría entrar y cogerlas, pero solo en teoría, porque en la práctica, ¿quién diablos lo haría jamás?

Imaginaros, ante este panorama, uno de los escenarios típicos del “Spaghetti western”. Si creíais que todo esto era surrealista, siento desilusionaros, la parte verdaderamente surrealista de este relato está todavía por llegar. Vayamos por pasos.

3.03 de la mañana, venimos de una fiesta en el Policoro. Llegamos al Gattopardo y obviamente, la puerta está cerrada pero no con llave. […] Procedemos vagamente en fila india, Lore ya tiene las llaves, Fabio va detrás y yo cierro la fila. Estamos cansados y acalorados, ha sido un día largo, pensamos en dormir. Yo ya me estoy imaginando una ducha helada cuando veo algo con el rabillo del ojo. Me giro a la derecha y veo entre las mesas del hall, una persona tirada en el suelo. Empiezo a entrar en pánico, pienso inmediatamente en Michele, víctima de una enfermedad o peor, ya que habría sido más vergonzoso debido a las relaciones de estrecha confianza que tiene con mi familia, víctima de una borrachera colosal. Como me sucede habitualmente en situaciones de pánico, me paralizo y la única cosa que soy capaz de hacer es atraer torpemente la atención de Fabio, señalándole con un dedo la escena que se me presenta.  Fabio al principio no entiende nada, cree que me he vuelto loco, después ve lo que le estoy indicando y a su vez se inmoviliza y llama a Lore.

Me acerco un poco y esto es lo que veo: una silla caída con el respaldo en el suelo y el asiento en perpendicular, un hombre de unos cincuenta años, vestido decentemente, poco más alto de un metro sesenta y detalle fundamental, con calcetines blancos que asoman desde los mocasines. El sujeto se encuentra en una posición absurda, parece que esté convencido de estar sentado, con la espalda completamente pegada al suelo y las piernas que le cuelgan de la silla, una a derecha y otra a izquierda.

Inmediatamente experimento una sensación de alivio, “no es Michele”, pero esta sensación es rápidamente sustituida por la preocupación: ¿y ahora qué hacemos? […] En mi mente decido, “si está solamente borracho lo dejamos aquí”, alguien lo reclamará. Fabio y yo nos acercamos y verificamos que respira, así que nos dirigimos hacia las escaleras. Donde nos espera otro momento surreal. Nuestra habitación se encuentra en el segundo piso. Mientras subimos, en el primero, Lore se encuentra delante de otra escena bizarra: una sábana con letras escritas en rojo. Es inevitable unir la sábana al hombre tirado en el suelo y Lore piensa: “He estado en casi todas las capitales de Europa, he andado solo por zonas poco aconsejables de Rusia, he estado en los barrios más pobres de Londres, Dublín, San Francisco y Los Ángeles, ¿es posible que pueda ser víctima de un serial killer en el Gattopardo de SantÀrcangelo?” Como quitarle la razón. Dado que estáis leyendo este relato intuiréis que, afortunadamente, no nos encontrábamos ante el nuevo “Hannibal” lucano, la sábana era una simpática idea de algunos huéspedes que pensaron que el rojo fuera el mejor color para escribir “Auguri a Antonio e Lucia, oggi sposi”.

Todavía incrédulos por lo irreal de la combinación llegamos finalmente a la habitación donde perdemos el control. Empezamos a reir como locos pensando en lo ridículo de todo esto y comenzamos a hacer especulaciones sobre que podría haber llevado a ese hombre a encontrarse en aquella situación. Entre otras cosas porque no estamos en Harlem o en el downtown de Los Ángeles sino en Sant’Arcangelo, donde no es que haya muchos sitios donde te puedas quedar hasta tarde y emborracharte hasta llegar a ese punto. Imaginamos a nuestro héroe en busca de asilo y lo único que ha encontrado abierto ha sido el Gattopardo, una vez allí, con la seguridad de la entrada, ha visto las sillas y se ha dejado llevar cayendo al suelo. […]

Mientras yo comienzo a pensar que en vez de visitar el día siguiente el Valle del Sinni corremos el riesgo de convertirnos en protagonistas de “Un día en comisaría”, Lore está especialmente conmocionado con los calcetines blancos de nuestro nuevo amigo: un poco macabremente, suponiendo que no se tratase de una borrachera sino de una muerte, comenzamos a imaginarnos el funeral de este hombre, al que evidentemente no irá nadie excepto nosotros, ya que no parece que haya muchos interesados en él, deducción a la que llegamos al ver que no hay ni un familiar que se esté preguntando donde está a las 4 de la mañana. Lore llega incluso a hipotetizar el epitafio: “Ci lascia un elegantone”.

Las risas se me mezclan con una preocupación que no consigo quitarme: “¿y si hubiéramos visto mal, y si no estuviera borracho?, ¿Podemos dejarlo ahí?” […] Decidimos bajar a ver como está e inmediatamente se nos quita la preocupación, el “muerto” ha cambiado posición: las piernas están dobladas y los brazos doblados. Parece que crea que está sentado en un bar. Es oficial, a la mañana siguiente no seremos interrogados en Comisaría.

El sujeto en cuestión.


[1] El apellido de Fabio, Sasso, es Stone (piedra) en italiano. De ahí el juego de palabras de Dome. (n.d.t)