Os presento Urdaibai… a pesar del mal tiempo

Amigos, hay un rinconcito en Vizcaya entre mar, río y montañas donde la vida se vive despacito. Los paisajes, salpicados de vez en cuando por alguna pequeña localidad son verdes, que te quiero verde y conviven pájaros, jabalíes y surfistas.

Os hablo de Urdaibai, mi descubrimiento del verano y un museo de la naturaleza al aire libre donde puedes pasarte el día contemplando los cambios de la ría, de las mareas, de las nubes y del clima. Todo muy despacito.

En Urdaibai se vive bien, se respira mejor, se come a lo vasco y el clima… bueno, dejemos lo del clima que íbamos muy bien.

Vista aérea

Vista aérea

Declarado Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, aquí hay turismo para todos los gustos y todas las edades.

Date un paseo por esas localidades esparcidas entre el verde; visita la ola de Mundaka y sus surfistas (oh Dios, sus surfistas!), llena el maletero de conservas en Bermeo, ármate de valor y sube a Elantxobe, porque hay que ser muy vasco para colocar un pueblo en ese sitio donde hasta los autobuses lo tienen complicado y siéntete vasco la hostia en Gernika.

Come, come como si no hubiera un mañana; aprende a potear con naturalidad, un pintxo en cada bar y todos bien regados con un zurito.

Prueba a hacerte pasar por autóctono. Pon acento, intima con todos los señores con txapela que te encuentres, apréndete la alineación del Athletic, saluda con un Aupa! y despídete con un agur alto y claro y sobre todo, habla de la mar y las mareas como si entendieses.

Ponle velas y reza al santo que corresponda para que salga el sol y puedas disfrutar de las maravillosas playas de la zona. No te extrañe ver a locales bañándose mientras tú llevas un polar puesto, pero asúmelo, ellos son vascos, tú no.

Y sobre todo, toca la campana en San Juan de Gaztelugatxe y pide volver, porque te aseguro que te vas a ir con pena de este lugar.

LASER ARTE URDAIBAI

Playa de Laga. Foto Xabi, aka Mister Bizkaia.

Playa de Laga. Foto Xabi, aka Mister Bizkaia.

 

Elantxobe. Foto Traveler un día con sol

Elantxobe. Foto Traveler un día con sol

San Juan de Gaztelugatxe

San Juan de Gaztelugatxe

Mundaka

Mundaka

 

 

Info y turismo:

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Roma, amor eterno

Roma. Foto Traveler.

Roma. Foto Traveler.

Han pasado diez años desde la última vez que estuve en Roma. Por aquella época era joven e inexperta y poco ducha en viajes, y en casi todo lo demás. Íbamos con el colegio a hacer un intercambio de esos de “conoce a los demás y así serás más tolerante”. Todo estaba programado y organizado y la profesora de latín se empeñaba en hacernos traducir todas las inscripciones que nos encontrábamos por el camino, (en Roma, os podéis imaginar) Antes de esa, había habido otras veces, siempre con el colegio y siempre con el latín. Desde entonces no he vuelto, (sí, tiene delito la cosa) y la separación ha sido larga y dolorosa. Pero mañana, mañana tengo appuntamento per colazione en Roma.

Roma es un museo arqueológico vivo, una ciudad eterna que nos muestra su pasado histórico en cada esquina. Llena de turistas y paraguas de guías turísticos y colas en todos lados. Pero esa no es la Roma que me toca esta vez, mi Roma de este viaje se va a saltar el latín, los turistas y las colas a la torera. Me pienso dedicar por completo a la otra Roma, a la más desconocida, la más bizarra pero la más romana. La Roma de la panceta, de las tripas, del capuccino, de las flores y los mercados, la Roma del nasone y de la comida en la calle. La Roma de los romanos.

Roma. Foto Traveler

Roma. Foto Traveler

Entre mis planes están comerme un tramezzino paseando por el barrio de Prati con sus boutiques y sus palacetes para disfrutar de la mejor vista del Tíber. Sentarme durante horas, (soleadas horas. Roma, hazme ese favor) en el mercado de campo di fiori a hacer un poco de turismo antropológico del que a mí me gusta y a pensar en la ejecución del pobre Giordano Bruno.

Campo di fiori y el pobre encapuchado Giordano Bruno. Roma. Foto Traveler

Campo di fiori y el pobre encapuchado Giordano Bruno. Roma. Foto Traveler.

Embobarme con los mosaicos de Santa María in trastevereAcercarme a la Real Academia de España en Roma (y no solo por el templete de Bramante) sino para asistir a la inauguración de una exposición y comprobar con alegría como a los buenos amigos se le cumplen sus sueños. Y pasear haciéndome pasar por bohemia europea por el Jardín Botánico.

Santa María in Trastevere. Roma.

Santa María in Trastevere. Roma.

Templete de Bramante. Roma. Foto Real Academia de Roma.

Templete de Bramante. Roma. Foto Real Academia de Roma.

 

Hasta mañana, Roma.

El fin del mundo está en el Algarve

Si no supiéramos como termina la historia seguiríamos creyendo que en el Cabo de San Vicente se acaba el mundo y que más allá sólo hay monstruos y criaturas desconocidas. Y es que estando allí es difícil no pensarlo. Un lugar, que como nuestro Finisterre, está lleno de misticismo y leyenda.

Ya los romanos decían que allí el sol era cien veces más grande que en el resto del mundo y hacía hervir al mar. Quizás por eso su puesta de sol se ha convertido en una de las más visitadas de Europa.

Cabo de San Vicente. Foto Remon Rijper.

Cabo de San Vicente. Foto Remon Rijper.

Cabo de San Vicente. Algarve. Portugal. Agosto 2013

Cabo de San Vicente. Algarve. Portugal. Agosto 2013.

Si pasas por allí acuérdate de llevarte una buena chaquetita, pues ya puede haber hecho el día más caluroso del año que soplará un viento huracanado que destrozará tu peinado.

Ya que estás por la zona aprovecha para darte un baño en las playas de alrededor, lugares sagrados para los surfistas. El agua está helada, pero ya se sabe que eso es buenísimo para la circulación. Así que no hay escusas.

Playa de Beliche. Algarve. Portugal. Agosto 2013

Playa de Beliche. Algarve. Portugal. Agosto 2013

Playa de Tonel. Algarve. Portugal. Foto Traveler.

Playa de Tonel. Algarve. Portugal. Foto Traveler.

Y no te dejes mi recomendación personal. La Playa de Cordoama, (Vila do Obispo) paraíso en la tierra.

Playa de Cordoama. Vila do Obispo. Algarve. Portugal. Agosto 2013.

Playa de Cordoama. Vila do Obispo. Algarve. Portugal. Agosto 2013.

 

 

Hoy querría estar en… Guatemala

No sé si fue a los nueve o a los diez años. Lo cierto es que ese viaje me marcó para toda la vida. Fue entonces cuando nacieron mis ganas inagotables de viajar, de conocer mundo, de conocer culturas y de hablar idiomas y fue entonces cuando nació mi amor incondicional por Latinoamérica.

Después de ese vinieron muchos viajes más, la mecha ya estaba encendida, pero ninguno me marcó tanto como ese, ya lejano, viaje a Guatemala. Ni la lejana y exótica Nueva Zelanda, ni el cosmopolitismo de Berlín ni los rascacielos de Nueva York ni… nada.

Ahora estoy / estamos más que acostumbrados a visitar otros lugares. Esto se ha convertido en algo cotidiano y “la inmensidad de lo desconocido se ha reducido enormemente y con ello nuestra capacidad de asombro”[1]

Pero a los nueve años mi capacidad de asombro seguía intacta y esa fue mi primera vez. Mi primer avión, mi primer viaje transatlántico, mi primer volcán en erupción, mi primera selva, mi primer (y único, por el momento) viaje en avioneta y también mi primer contacto con la realidad.

Por todo esto hoy querría estar allí. Pero por si os quedan dudas, hoy querría estar en Guatemala…

… para disfrutar de sus colores.  Desde los mercados hasta los cementerios, en Guate todo es de colores.

Cementerio de Chichicastenago. Foto de Joann Miller.

Cementerio de Chichicastenago. Foto de Joann Miller.

cado de Chichicastenango. Foto de

Mercado de Chichicastenango. Foto de IMS Bildarkiv.

… por sus telas. Renovaría todo mi armario con esas telas.

Telas. Foto de Sahu.

Telas. Foto de Sahu.

…para poder devorar en el Pollo Campero. La experiencia guatemalteca no es completa hasta que no se prueba ese pollo frito.

… para tomarme un roncito en la terraza del Hotel Casa Azul mirando al volcán. Por la época era demasiado pequeña para esos vicios.

Hotel

Hotel casa azul con el Volcán del agua de fondo. Foto.

… para encenderle un cigarrito a Don Maximón y de paso ponerle un par de velitas a ver si me echa una mano. Si tengo que rendirle culto a alguien que sea al Santo de los cigarros.

Don Maximón. Foto The Sydney Morning Herlad.

Don Maximón. Foto The Sydney Morning Herlad.

… para volver a pasear por Tikal e intentar descubrir de donde se sacaron los mayas eso del fin del mundo.

Tikal. Foto Traveler.

Tikal. Foto Traveler.

… para acercarme a los volcanes en el Lago Atitlán.

Lago Atitlán. Foto Traveler.

Lago Atitlán. Foto Traveler.

… para volver a los 9 años.

Lástima que en la época no hubiera cámaras digitales. Digitalizar las fotos me parecía excesivo.

Tengo un amor del norte

Ya sabéis que yo soy más andaluza que el gazpacho y más madrileña que el bocadillo de calamares, sí, tengo ese puntito bipolar, que le vamos a hacer. Pero tengo que confesarlo, tengo un amor en el norte y mi amor norteño se llama… Logroño, a ver que os estabais pensando. Y es que me tiene loca, tanto, que como se me vaya la cabeza, lo dejo todo, me voy y pongo un restaurante con bodega propia en medio del Espolón, (por soñar…)

Y es que La Rioja es la repera, se come bien, se bebe mejor y se vive…que eso no está pagado. En La Rioja he sido feliz cual perdiz y es que es muy fácil ser feliz en La Rioja, sobre todo si vas con una compañía como la mía. Me he reencontrado con amigos, (bendita amistad), me he reencontrado con el campo y las barbacoas, me he adueñado dos abuelas postizas, he comido como si me lo fueran a prohibir y he aprendido a distinguir vinos, (he aquí uno de los motivos de tanta exaltación riojana)

Viñas riojanas en Briones.

Viñas riojanas en Briones.

Logroño es la famosa calle Laurel y las bodegas, sí, pero es mucho más. Es la Iglesia de San Bartolomé, pequeña y austera, por ella estuve a punto de convertirme al cristianismo. Es la “Redonda” y su mini Miguel Ángel con historia rocambolesca. Es la calle Portales, donde pienso comprarme la casa cuando tenga restaurante y bodega. Es el Museo Würth, que allí donde Cristo perdió la chancla, tiene una buena colección de arte contemporáneo y un edificio de dejarte con la boca abierta. Y es, como no, El Ebro.

Pero también es tranquilidad, buenrollismo, que la gente te salude por la calle, que no existan las prisas y que siempre sea un buen momento para “echar un pintxo”.

San Bartolomé. Logroño. Foto Fernando López

San Bartolomé. Logroño.

Torres de La redonda

Torres de La redonda

Museo Würth. Logroño. Foto Gestio Museos.

Museo Würth. Logroño. Foto Gestio Museos.

A Gonzalo & family y Cris.

Typelovers en reunión. Entretipos

Gracias a la amabilidad de mixtolobo que me permite ser su corresponsal en todos los saraos pero sobre todo gracias, (gracias gracias gracias) a la inestimable colaboración de la beca father este fin de semana he sido uno de los más tipográficos de mi vida.

Y es que en Barcelona se lió parda y todos los typelovers del país, y parte del extranjero, nos reunimos allí para disfrutarlo. Se celebraba Entretipos, (y esperemos que haya más. ¿Quién dijo entretipos 2014?) un evento tipográfico que ha sido mucho más que eso porque ha habido de todo y todo bonito y muy muy bien hecho.

Cartel entretiposUna mañana de talleres. Jesús Morentin (impresión letterpress), Oriol Miró (caligrafía Copperplate), Clara Montagut (bordado tipográfico) y Pedro Arilla (diseño de tipografía) cada cual más interesates.

Y una tarde de conferencias, 7 nada más y nada menos y en todas aprendimos mucho.

En la de Balius, como siempre, lo admiré, en la de Clara me enamoré, (de ella, de su pelo y sobre todo de su trabajo) en la de Octavio aprendí, (y también sufrí por si ese hombre se nos ahogaba allí, en medio de todo el sarao)  en la de Manuel me lo pasé pipa, en la de Oriol flipé, en la de Marta me reí (y tomé notas para las mixtolobas) y en la de Pedro lloré, (de emoción, claro)

Conferencia Manuel Sesma. "Lo nuestro no tiene nombre"

Conferencia Manuel Sesma. “Lo nuestro no tiene nombre”

Pero entretipos fue mucho más, fueron regalos, sorpresas, consejos, ideas, fue conocer a maestros, fue ponerle cara a la gente que admiras, fue aprender y fue reunir a todos los frikis de la tipografía y typelovers, a los frikis nos gusta saber que no estamos solos.

Bolsita de entretipos llena de regalos.

Bolsita de entretipos llena de regalos.

Pero sobre todo fue un evento (atentos que viene la deformación profesional) muy bien organizado. La comunicación fue fantástica, los detalles encantadores y la organización precisa.

¡Vivan los entretipos y la madre que los parió! A por entretipos 2014

Con la colaboración de Mixtolobo, Casa Xavi, Eva de la Rocha y la beca father. Gracias.

Más fotos en la galería de @Littlemad

Ost Berlin, west berlin

Pasar el año nuevo en Berlín puede ser muchas cosas pero es sobre todo peligroso. La noche del 31 los berlineses pierden todo rastro de su tan afamado y admirado sentido cívico y empiezan lo más parecido a una guerra civil que he visto en mi vida. Fuegos artificiales, algunos casi de mi tamaño, vuelan por todos lados sin ningún tipo de control durante más de una hora. La ciudad queda cubierta de humo y con un fortísimo olor a pólvora que permanece en la calle durante días.

Más allá del momento dramático, Berlín estaba tan estupenda como siempre y mi tercera visita me ha dado grandes alegrías. Entre las más destacadas ver a mi novia alemana, que también estaba estupenda o caminar por un antiguo aeropuerto y emblema histórico de la ciudad.

Aeropuerto de Tempelhof. Foto Max Pfeiffer.

Por otro lado y como empieza a ser común en mi relación con Dome terminé metida en medio de no sé muy bien dónde haciendo no sé muy bien qué. Dejo que sea él quien lo explique… a ver si así me entero yo también.

Live in Pankow por Domenico Cerabona (Originale in Italiano, qua)

“¿Habéis ido a Pankow? Habéis hecho bien, yo no he estado nunca” Estas fueron las palabras de Doro, berlinesa de residencia, cuando le dijimos que habíamos ido a Pankow, un barrio de la periferia de Berlín que los berlineses conocen fundamentalmente por ser la cabecera de una de las lineas de metro.

Estación de metro de Pankow. Foto iPhone de Dome.

Y efectivamente, más allá de aquellos que viven allí no hay motivos particulares para ir a Pankow y sinceramente para aquel que esté en Berlín de turismo no tiene ningún sentido ir, no hay ni museos ni ninguna atracción turística. A este punto os estaréis preguntando, ¿y entonces, qué narices habéis ido a hacer allí? Para los otros tres participantes de la expedición la respuesta es simple, seguir los caprichos de un descerebrado, o sea, yo.

Ni siquiera yo sabía muy bien donde estaba Pankow antes de este viaje, creía que estaba en cualquier ciudad del este europeo. La conocía solo por un motivo; una canción Live in Pankow, de los CCCP – Fedeli alla linea. Un grupo que llegó a su ápice y disolución en los años 80; un grupo que definía su propia música como punk filosoviético, música melódica emiliana1.

Habría mucho que decir de los CCCP, su “historia” es compleja y fascinante, en particular la de Giovanni Lindo Ferretti, cantante y líder del grupo que ha pasado de comunista a discípulo de Ratzinger, de una manera controvertida pero no trivial. Me limitaré solo a decir que conocí a los CCCP gracias a mi hermano, que debo reconocer tiene buen gusto para la música. Una vez me describió a los CCCP como “el único grupo italiano por el cual nos la pueden chupar en el extranjero”. Soy consciente de que es una crítica un poco… demasiado simple pero eficaz y evidente.

 En cualquier caso, mi pasión por los CCCP no puede considerarse solo musical. Su música y sobre todo los textos de Giovanni Lindo, tienen para mí un efecto terapéutico. Educado, como he sido, a pensar en política de forma racional y pragmática, de vez en cuando necesito evadir este “rigor reformista” y dejarme llevar en discursos y excesos comunistas puros y duros. Y ¿cómo dar rienda suelta a estos instintos mejor que con el punk filosoviético?

Por lo tanto, de vez en cuando necesito “rifugiarmi sotto il patto di Varsavia” y “voglio un piano quinquennale e la stabilità” como gritaba la masa. Por eso no me pude resistir, tenía que llegar al final de la línea S9 solo para gritar: Live in Pankow!!!

1Emilia Romagna. Región italiana.

Cuando la maratón entra en tu vida…

Cuando la maratón se convierte en tema de conversación de tus cenas, comidas y salidas nocturnas, cuando un sábado por la noche te tienes que ir pronto a casa porque todos tus amigos al día siguiente madrugan para correr 30 km, cuando tu chico te despierta un domingo a las 9 de la mañana para ir a correr al parque y empiezas a conocer los nombres de todos los récords mundiales, tienes que aceptarlo, desgraciadamente, el deporte ha entrado en tu vida, pasivamente claro.

Cuando además eres lo más “floho” que se despacha y por tu armario non han pasado unas zapatillas de deporte desde que ibas al instituto, la cosa empieza a ser dramática. Pero todo este sufrimiento y odio hacia todos los cuerpos sanos y deportivos que rodean tu vida queda compensado cuando ves a uno de esos cuerpos atravesar la línea de meta. Ya me pasó en Trieste cuando vi llegar a Dome. Mis ojillos, generalmente pasivos ante cualquier evento de este tipo, se humedecieron como con la comedia romántica más cursi.

Imaginaros por lo tanto, como estaban cuando vi llegar a Lore, (a mí Lore, como diría mi madre), yo, que me había chupado todos los entrenamientos de los domingos y que sabía lo que significaba esa maratón para él en esa ciudad tan importante en su vida. Más o menos como si hubiese corrido yo los 42 km, vaya.

Pero como yo no entiendo de datos técnicos, ni soy su mejor amigo con funciones de entrenador personal, ni iba a su lado en una bici naranja para echarle agua por la cabeza, dejo hablar al experto.

Los 42 km de Lore en Lyon, por Domenico Cerabona

Original en italiano

Para mí este post es una obligación, una promesa o mejor dicho, un acto de humildad. Cuando Clara me pidió que escribiera sobre “la maratón” y en particular sobre la “Maratón de Lore”, le confesé que no me sentía en grado de hacerlo. Principalmente porque es muy difícil intentar contar una maratón a alguien que no la ha corrido nunca; escritores profesionales, artistas increíbles, lo han intentado y no siempre han sido capaces, por ejemplo, Haruki Murakami escribió, lo que para mí es una obra de arte, “What I talk about when I talk about running”, sin embargo muchos de mis amigos maratonianos lo han encontrado aburrido y poco interesante… Por lo tanto, ¿cómo podría yo conseguirlo si escritores mejores que yo han fallado? Y sobre todo, ¿cómo puedo escribir sobre la maratón de mi mejor amigo, más que un hermano, sin ponerme cursi y melodramático? Pues bien, estás eran mis dudas, dudas que Clara ha disipado diciéndome: “ouuuuuuu devi scriverlo”. Por lo tanto, aquí estoy.

Decía, es difícil describirle una maratón a quién no haya corrido una, quizás la cosa más fácil sea empezar por el principio. La maratón son 42 Km con 195m, ni uno más ni uno menos. Muchos preguntan habitualmente: “¿Pero has corrido la maratón de Nueva York?” Como si la de la Gran Manzana tuviera algo de especial más allá del paisaje. Pues bien, queridos amigos, no. La de NYC es una maratón espectacular, que todos soñamos con correr porque tiene encanto, pero la distancia a recorrer es siempre la misma maldita distancia, en Nueva York o en cualquier otra ciudad de mundo. Y sobre todo, la maratón tiene una sola distancia, esa, no hay maratones más cortos o más largos; a menudo oyes decir: “ayer corrí una maratón”, “En serio”, ¿cuánto tardaste?”, “mah, una hora…” Ve tú a explicarle que la carrera de 5km organizada el domingo por la tarde por la parroquia del barrio, no es una maratón sino una simple carrera…

Pero no divaguemos, volvamos al maratón. Otra cosa que es necesario saber es que la corras en 2.03.38 (nuevo récord del mundo), o la corras en 4 horas (tiempo en el cual la mayor parte de los aficionados maratonianos hacen en las grandes maratones internacionales) cuando llegas alrededor del kilómetro 35; aparece eso que llaman “el muro”, tu cuerpo te dice solo una cosa: “Basta, yo no corro más”. En este punto entran miles de factores que te pueden hacer llegar a la meta o parar en seco, sin ser capaz de dar un solo paso más. He experimentado esta sensación en Pádua, en el kilómetro 38 simplemente no era capaz de seguir hacia delante; y no hay modo de conseguirlo por mucho que pueda parecer absurdo que después de haber corrido 38 kilómetros no seas capaz de correr otros 4.

Después de esta descripción podréis preguntaros que es lo que lleva a millones de personas en todo el mundo a afrontar este tipo de sufrimiento. Yo os puedo decir solo mi opinión personal. Corrí la primera maratón por mérito de Stefano Baldini, el blanco más rápido de la historia, héroe nacional desde que en el 2004 ganara la Maratón Olímpica de Atenas; incluso mi madre, notablemente desinteresada por el deporte, se sorprendió llena de lágrima después de aquella hazaña: junto a la victoria del Mundial de fútbol de 2006 la mayor emoción que me haya jamás dado un evento deportivo. Desde aquel momento decidí que tarde o temprano correría un maratón.

Después de algunos años lo hice, en el 2009 e desde entonces prácticamente no he parado de correr. Es algo que es difícil de explicar, pero la conciencia que se consigue afrontando un esfuerzo similar transciende a la comprensión humana, desde mi punto de vista. El hecho de ser catapultado en un mundo en el cual la única cosa que te parece importante es dar otro paso te hace que todo lo demás esté clarísimo. De hecho, difícilmente oiréis a alguno que haya corrido solo UN maratón, una vez se empieza, se para solo por una lesión y solo si es grave, hay gente que conozco que corre a pesar de que toda la comunidad médica mundial se lo haya desaconsejado.

El bueno de nuestro Lore es el clásico “aficionado dominguero” transformado en maratoniano. Recuerdo claramente cuando hace menos de dos años, juraba: “No Dome, en esto no me vas a convencer, no correré nunca una maratón”… Y debo confesar, que verlo llegar a la meta de la de Turín en noviembre del año pasado ha sido una de las mayores satisfacciones de mi vida y creía que, difícilmente, Lore habría conseguido emocionarme más; sin embargo con esta hazaña lionesa me ha realmente sorprendido. Porque la primera maratón la había preparada y corrida un poco inconscientemente, con el espíritu de Coubertain, “lo importante es terminar”. Esta vez, por el contrario, tenía un objetivo, hacerla en 3 horas y 30 minutos, un objetivo que muchos que corren desde hace años no han conseguido nunca. Y me ha sorprendido realmente el coraje con el que ha conseguido su objetivo: estaba con él en los últimos km y lo he visto llegar a la crisis, inevitable, en el kilómetro 35. Como decía, basta muy poco para bloquearse, ralentizar o dejar de correr. La energía, un aspecto del carácter de Lore, no la había visto nunca así de fuerte, no paró, me emocionó como si fuera yo el que la estuviera corriendo. Y debo confesar que me sentí aliviado cuando fue él el primero (por poco) en llorar, me habría sentido un verdadero idiota si hubiera sido yo, el que no había corrido el maratón, el que se conmoviera por la llegada.

Debo añadir además, que en un relato sobre maratones, leí una frase iluminadora: “Sirve un pueblo para recuperarse de un maratón”. En el sentido de que entre los muchos factores que ayudan para no tirar la toalla cuando llega la crisis, es saber que tienes el apoyo de las personas a las que quieres y quizás este sea el aspecto más importante. Y creo que fue fundamental en este caso específico, el “clan” que durante todo el fin de semana estuvo cercano a Lore fue realmente grandioso y visto que soy yo quién escribe y no él, me permito agradecérselo personalmente uno por uno: Clara, Estelle, Silvia, Valeria, Mathieu, Michele y Ricardo. Un ejemplo entre tantos, en el kilómetro 41, justo antes de la recta final, hay un paso subterráneo con una cuesta realmente maldita: yo que la había pasado primero con la bici para ir a buscarlo, estaba preocupadísimo. Pero cuando llegábamos al puente vimos tres banderas: una francesa, una occitana y una italiana y a los pazzi scatenati que gritaban en equipo: eran los fans de Lore. Y mientras los demás corredores se “paraban” en la cuesta, Lore sprintó superándola y llegando hasta el final. Estoy casi seguro de que son esas banderas y sin los que gritaban no habría sido capaz de llegar en 3 horas, 30 minutos y 42 segundos.

Lore y Dome y un señor saludando a sus fans.

 

Preparándonos para el momento.

La salita maledetta.

Reunión de equipo.

Pedro Santana, por Blanca Valls

Por un día 4ºpiano traspasa las fronteras italianas y las traspasa mucho para irse a Pedro Santana, pueblo de la República Dominicana, (creo que pueblo es una palabra muy grande para este sitio)

Allí, Blanca, una de las personas que lleva más tiempo soportándome en esta vida y una de las que yo más quiero, ha pasado un mes haciendo de medicucha, ayudando a las gentes del lugar y, conociéndola, haciéndose amiga de todo bicho viviente. El relato me ha parecido tan maravilloso y tan… de Blanca, que me ha costado mucho decidir como subirlo al blog. Al final he optado por subir solo la segunda parte, y dejar de lado el relato histórico, pero para curiosos, como siempre se puede encontrar entero aquí. La versión historiadora de Blanca, merece la pena.

Pedro Santana y sus cosas (II).

La historia de la República Dominicana sigue y sigue y no para. Es una historia que es un lío gigantísimo de gente que siempre acaba volviendo y que te explica por qué el país está como está y va por el camino que va, y parece que no avanza: políticos corruptos, la educación una necesidad en vías de extinción, complejos hoteleros que hacen ricos a los extranjeros… y un millón de cosas que hacen que te preguntes hacia dónde va el mundo. Pero yo no he venido a hablar de eso. Sino de cómo Pedro Santana, en 23 días, se ha quedado un cachito de mi para siempre.

Pedro Santana pertenece a la provincia de Elías Piña pero no es la capital de la provincia (ésa es Comendador). Está en la esquina del cuernecito ese que se escapa del país. Y Elías Piña, era en 2005 –y sigue siendo hoy en día- la provincia con mayor porcentaje de hogares en extrema pobreza del país.

Pero eso es sólo un dato que no nos dice nada de nada, ni de la vida ni de la gente que allí vive…

Allí, en ese rinconcito del mundo que hasta googlemaps destierra, viven unas 150 familias dignas de conocer. Allí, el techo de la mayoría de las casas no se junta con las paredes, el agua no es corriente (y algunos días ni siquiera es), no hay grifos, duchas o cisternas, y la luz es una cosa que viene y va al antojo de no se sabe qué. Allí, andar es para otra gente y todos van en “motor” –moto-, el deporte nacional es ver pelearse a unos gallos, las telenovelas las sigue hasta el último mono, se cree en las brujas y se le tiene miedo a los “indios” que quedan escondidos en los bosques. La banda sonora de cada segundo tiene ritmo de bachata o merengue, tener armas es lo más normal del mundo, se baila cada vez que se puede, el café sabe a gloria bendita bien dulce, hace un calor infinito, y llueve.

Casa amarilla, nuestra casa. Tendedero. Cuarto de baño y del gallo. El patio.


Los gallos y las cabras pasean por las calles, los sapos se cuelan en tu tanque de agua y las cucarachas tienen el tamaño de mi pie. Hay mosquitos e insectos de todos los tamaños y colores que son inmunes a los repelentes, y el agua de la lluvia te ayuda a fregar los platos. Los profesores no van a la escuela, y los niños saben lo que saben y nada más. El paisaje es una maravilla, se ven infinitas estrellas –o más-, el verde de los montes te dice si pertenecen a Haití o si son dominicanos, y las vacas son robadas de unas tierras a otras por desdichas del azar. Allí, trabajar es una carga que da la vida, hay hermanos que no tienen ningún apellido en común, tener hijos a los 14 no es raro, y parir en casa una rutina. El hospital es un lugar donde con tres diagnósticos se salva el mundo, y se salva. Los coches, 4×4 que se llaman “jeepetas”. La comida es arroz, habichuelas y pollo. También es plátano frito, guineo y yuca.

Nuestros niños jugando.

Allí, no hay paradas de autobús, hay un mercado los martes, las mujeres son doñas y los limoncillos las frutas favoritas de los niños. Pedro Santana es su gente, su cultura, su música, sus colmados (ultramarinos), sus costumbres feas y bonitas, es tener la puerta de la casa abierta, es ser motivo de conversación, es pasar mucho calor y rascarte las piernas porque te han acribillado los mosquitos. Es hablar con las mujeres y que todos te espíen a través de las ventanas. Es invitar y que te inviten a café, que te ayuden a limpiar el patio. Es buscar la sombra de un naranjo/limonero y respirar aire puro, cerveza Bohemia o Presidente. Es ron Brugal. Bailar mucho. Es enfadarse con sus formas y no entenderlos, y envidiar su no estrés ante la vida. Son muchas personas a las que quiero, un equipo de españoles a quienes además admiro, gente que te saluda desde las puertas de sus casas, un abuelo que te da un cinturón para poner orden. Subirte a un autobús a las cinco de la mañana y entrar en una fiesta de bachata y merengue, despertarte con el canto de los gallos, o una pelea de perros. Dormir bajo una mosquitera que deja que se cuelen los mosquitos, buscarlos con una linterna, tener un perro guardián y no poderlo tocar por miedo a lo que pueda contagiarte. Son dos niños entrando a todas horas en casa, esconder una radio bajo la cama, hacer cosquillas y pintar con colores. Jugar a la comba, a las cuatro esquinas, explicar las reglas de pañuelito, que nadie las entienda. Es hablar con un acento precioso y palabras raras. Es mucha vida.

Un autobús. En carretera.

Colmado de la Chunga.

Es un montón de cosas que hacen que quiera volver, que eche de menos. Que hacen que haya que explicarle al mundo que la República Dominicana es mucho más que un hotel con todo incluido en Punta Cana. Que la República Dominicana son muchos pueblos como Pedro Santana. Donde hay mucho por hacer y sobre todo, infinito por aprender y descubrir.

Bolo, nuestro perro guardián.

PS. Para quitarle un poquito de sentimentalismo al artículo y que no penséis que soy una cursi, os pongo una canción la mar de apañada de “El chaval bachata” que para vuestra información es un taco de famoso y buena gente, y coincidimos con él en el avión de Madrid a Santo Domingo. Y que no me hice su amiga pero lo vi.