El alzamiento de Varsovia

1 de agosto de 1944 a las 17:00 inicia el levantamiento de Varsovia como parte del plan para liberar Polonia de las fuerzas nazis antes de que lo hicieran la Unión Soviética. Las fuerzas polacas resistieron durante 63 días pero sin aliados y con tropas menos equipadas que las alemanas el alzamiento costó la vida de 250.000 civiles polacos y con el 85 % de los edificios de la ciudad destruidos.

Cada año, el 1 de agosto la ciudad se paraliza durante un minuto en recuerdo y homenaje a las víctimas.

A Varsovia

 

Anuncios

The Final

¿Quién estará en el otro lado de la copa?

The Final. Olimpyiskiy Stadium. Kiev.

Esta noche lo descubrimos. La producción, con eso de que son todos italianos se ha tirado el rollo y nos invitan a pizza y birra. Querían sabotearme para que no les diera mala suerte pero les ha dado penita.

A ver que pasa.

Mientras tanto un post del blog de pizzi, Dobbiamo battere la Germania. Las razones de Claudio para animar a Italia, al menos esta noche. (En italiano)

Metro de Kiev. Trasladarse a otro tiempo

Entrar en el metro de Kiev es como trasladarse a los años 60. Tiene solo tres líneas, siempre está lleno, es lentísimo, los carteles están en cirílico y no hay manera de entender donde estás yendo y por supuesto los vigilantes no hablan inglés. Sin embargo es una de las maravillas de la ciudad.

Como buen metro soviético está decorado con grandes columnas, azulejos de colores vivos y lámparas de araña. Pero lo mejor son los billetes, una especie de moneditas de los cacharros de la feria que se meten unas máquinas de cuando Cristo se moceaban y desaparecen para siempre, ni un recibo, ni un billete, ni ningún papelito que asegure que tú has pagado tu billete. En España y en Italia sería la ruina.

El partido de la muerte

Acaba de terminar el Ucrania – Francia. No vivo demasiado lejos del estadio y oigo a los aficionados, que, a pesar de la derrota, vuelven a casa contentos, borrachos y cantando. Mis conocimientos sobre el fútbol ucraniano no llegan más allá de conocer la existencia del Dinamo de Kiev pero el fútbol de este país tiene una historia que contar.

Durante la década de los años 30 en la Unión Soviética el fútbol se había vuelto muy popular y el Dinamo era uno de los equipos que aparecían siempre en la parte alta de la clasificación. Con la invasión alemana en 1941 muchos de los jugadores se marcharon al frente o se convirtieron en prisioneros de guerra.

Los pocos supervivientes se reunían en una panadería de la ciudad para buscar trabajo. Entre un trabajo y otro Mykola Trusevych, ex portero del Dinamo, y Iosif Kordik, dueño del local empezaron a fantasear con la idea de montar un nuevo equipo. Así fue como Mikola se puso a la búsqueda de sus antigüos compañeros y fundó el FC Start con 8 jugadores del Dinamo y 3 del Lokomotiv. Se inscribieron en la liga local y jugaron y ganaron varios partidos con equipos de guarniciones militares.

Cuando ganaron al Flakelf los alemanes empezaron a preocuparse pensando que las victorias de los ucranianos podrían disminuir la moral de las tropas. El Flakelf pidió la revancha que estuvo arbitrada por un oficial de las SS. Se dice que el FC fue advertido de que ganar ese partido podría tener consecuencias. A pesar de eso, ganaron y se negaron a hacer el saludo nazi antes del partido.

El partido de la muerte. Foto de The Death Match. Forgotten heroes

Cartel de la revancha.

El partido se terminó a los 60 minutos cuando el FC Start ganaba 5 a 3. Una semana después cuando ganaron de nuevo al Rukh comenzaron a ser arrestados, torturados y mandados en centros de concentración.

“Evasión o Victoria” (Jonh Huston, 1981) es una de las pelícuals inspiradas en los hechos. En 2012 y en plena víspera de la Eurocopa se estrenó “The Match” una película del director ruso Andréi Maliukov pero parece que ésta última no mantiene todo el rigor histórico que debería, o eso dicen los historiadores ucranianos donde la peli no ha gustado nada.

Kiev, primeras impresiones.

Me he ido de Varsovia donde en cinco meses las temperaturas raras veces han subido de los 22 grados para llegar a Kiev que al contrario de todo lo que pudiera parecer hace 30º, sí señores, si lo sé vengo antes. Todavía no he tenido tiempo de digerir la ciudad ni a los ucranianos. A las ucranianas sí, y no entiendo como pueden andar con esos zapatos ni trabajar con esas uñas, pero olé por ellas.

 Si Varsovia era ese tipo de ciudad que se esconde y que hace falta conocer para darte cuenta de que es una ciudad maravillosa, Kiev no esconde nada de su espíritu y su pasado soviético. Vivo en una casa que sería el sueño de todo el reparto de “cuéntame como pasó” pero a pesar de sus olores a humedad y sus muebles de la época de Stalin tiene su encanto.

Ucrania es tener que lavarse los dientes con agua mineral, que los taxis no tengan insignias ni taxímetro, que al entrar en el metro te parezca que te has trasladado a la época de Shevchenko, que ir a un restaurante sea una aventura, que en tu edificio hayan asesinado a dos políticos famosos, es pasarte el día fotografiando carteles tipográficos, que los hombres no te den la mano, es tener que aprenderte un alfabeto nuevo y mucho más.

En fin, que estoy contenta porque por lo menos tendré muchas ideas para escribir posts… si es que alguna vez tengo tiempo.

Monasterio de San Miguel. Kiev. Foto El viajero. El País.

To’ este jaleo pa’ 10 minutos

Sí, señores, 5 meses soñando con el maldito espectáculo, horarios de trabajo inhumanos, estress, llantos y depresiones y todo para 10 minutos de ceremonia. Preguntarse si ha merecido la pena es inevitable, pero a pesar de todo la respuesta es clara, sí. Sí, por muchas cosas, pero sí sobre todo por esto;

Voluntarios al final del espectáculo. Llamadme cursi. Foto El País.

Para los que no lo pudieron ver en directo dejo el vídeo, en polaco y de una calidad discutible pero es lo que hay, y algunas fotos.

Ensayo General. Foto Filmmaster. Luca Parisse.

Ensayo General. Foto Filmmaster. Luca Parisse.

Ensayo General. Foto Filmmaster. Luca Parisse.

Ensayo General. Foto Filmmaster. Luca Parisse.

Trotolle. Foto El País.

UEFA EURO 2012. Foto El País.

Clave de Sol. Foto El País.

Vivir en un estadio. Capítulo I: “The pitch is stressed”

Un estadio de fútbol es como un gran palacio. Todo cabe dentro de sus largos  y siniestros pasillos. Enfermería, restaurante, camerinos, oficinas, vestuarios, salas de prensa, cables, muchos cables y sobre todo miles de rincones para esconderse.

Pero en el estadio nacional de Varsovia, donde en pocos días se inaugura la Eurocopa de 2012 y donde vivo recluída desde hace 2 semanas, los reyes no son los futbolistas, no somos nosotros, no es la prensa ni la televisión, no son los banquillos, custodiados por señores de seguridad, y ni siquiera lo son las porterías, aunque estas estén encerradas en una habitación especial con seguridad y todos los días vengan unos señores a ver como están.

El rey de este gran palacio es el césped. El césped marca todo lo que pasa aquí dentro. Tiene unos cuidadores ingleses con barriga y bigote, como buenos ingleses, que todos los días se arrodillan y con unas técnicas tecnológicas y muy especializadas, lo huelen, lo tocan, miden el color, la frescura y no sé cuantas cosas más. Hay días en que estos señores deciden que “the pitch is too stressed” y entonces todo se paraliza. Ese día se cancelan los ensayos, se cierra el techo del estadio y todos ponen cara de estar muy preocupados.

Para que al césped se le pase el estres, los cuidadores barrigones ingleses le ponen unas especies de lámparas de rayos X gigantes, no se sabe muy bien si son para que crezca, para que se ponga más verde o para que se seque. La cuestión es que las lámparas consiguen que se le pase todo el estres y todos contentos, aunque si los cambios de humor del señor cesped nos cuestan a todos grandes dolores de cabezas.

– 3 días

Las polacas son el futuro

Esta mañana durante la hora de la comida he decidido tener un momento de autismo total. He salido sola, sin móvil y sin ordenador. Solo mi monedero, un cuaderno y yo misma con mi mecanismo. El plan, meditar sobre lo divino y lo humano, relajarme y olvidarme de jefes, ensayos, vestuario y proveedores e intentar responderme a la pregunta del millón, “¿quién me manda meterme en estos fregaos?”

Plan fallido. Ha sido sentarme y que empezaran a entrar polacas estupendas por la puerta. Así que he tenido que dedicarme a lo que mejor se me da en esta vida, el turismo antropológico, (cierto es, he tenido a la mejor maestra del mundo, mi madre)

Y es que las polacas son maravillosas. Rompamos el mito de polacas rubias y de metro ochenta, que las hay, pero también las hay bajitas, morenas, castañas y pelirrojas, con pecas, con los ojos verdes, azules y hasta marrones. No son la típicas mujeres que se te vienen en mente cuando piensas en las mujeres de esta parte de Europa, pero no importa, porque es muy difícil encontrar alguna que no te llame la atención. Son todas dulces, tienen un cutis perfectos, unos ojos expresivos y sí, algunas también tienen unas piernas de escándalo.

Desde que estoy aquí es exagerado la cantidad de extranjeros que he conocido casados con polacas. No me extraña, yo también me casaría, pero extranjeras casadas con polacos… eso ya es otra cuestión.

Total, que entre que los polacos no son nada del otro mundo y que las polacas son estupendas, en este país es la mar de difícil ligar, ni siquiera con dos botellas de vodka encima ;(.

Muzeum tecniki, Warszawa

Varsovia está llena de reliquias de los años 50 y el museo de la tecnología es una de ellas. Está en el Palacio de la Ciencia y la Cultura, ese edificio que la URSS regaló a Polonia en los años 50 y con el que los polacos tienen una fuerte relación de amor-odio.

Entrar en él es tele trasportarse directamente al 1955, año en el que se inauguró, porque tal como se abrió, así se quedó. Es el clásico museo que podría encabezar la lista de “los museos peor organizados del mundo”. Es un laberinto, no tiene luz, los vigilantes no hablan inglés (al menos los que estaban despiertos no lo hablaban) y, por supuesto, no hay ni un solo cartel explicativo. Pero nada de esto importa porque es justamente lo que le da su toque especial.

Y dentro de todo este ambiente  rancio y medio soviético, de repente y de la nada, así, abandonadas de la mano de Dios y  debajo de una escalera te encuentras esto;

Diré solo que cuando he vuelto a la oficina me han preguntado si me había drogado. 😉 😉