Dramas de vivir fuera de casa: la enfermedad

Hay pocas situaciones más dramáticas en esta vida que ponerte malo y estar lejos de casa. Tú puedes pensar lo que quieras acerca de tu madurez como persona pero cuando el termómetro está de por medio tus niveles de mimos y morriña aumentan sin consideración haciéndote quedar en ridículo con novios, compañeros de piso, amigos y cualquiera que se te acerque. Y lo peor es que este síndrome dura hasta edades muy avanzadas. He visto a hombretones hechos y derechos lloriqueando por una gripe.

Y así he pasado yo los últimos dos días de mi vida, con una morriña que no me soportaba ni yo y con ganas de coger un avión e irme al brasero de mi mami. Pero todo pasa y gracias a los cariños de Lore, la comida de Paolo y sobre todo, las recetas de Valeria lo he superado y ahora estoy preparada para volver a la vida adulta, a las horas de oficina y, aún más importante, a mí propósito de año nuevo: correr.

Pero dejando de lado mis dramáticos últimos días, lo peor de ponerse malo cuando vives en un país extranjero es el momento médico, ¿qué haces?, ¿dónde vas?, ¿qué llevas?, ¿te atenderán?, ¿cómo funcionan los médicos en este país?, ¿tengo que explicarle todo lo que me pasa en… ese idioma?

En Italia cuando no eres residente, véase el caso, la cosas se complican. Que Unión Europea ni que leches. Las amables señoritas de la recepción te explicarán que esa tarjeta que tú guardas como oro en paño en tu cartera no te sirve de nada y que si quieres que te atiendan tendrás que conseguir esta otra. Y evidentemente, conociendo la burocracia de este país, para cuando la tengas o te has recuperado o te hemos perdido para siempre.

Desde mi experiencia recomiendo que la primera cosa que hagas al llevar a un país nuevo es activar el radar médicos y hacerte amigo de todos los que puedas. Cuantos más, mejor y si es posible variaditos. Dentistas, ginecólogos, traumatólogos, fisioterapeutas, geriatras, (nunca se sabe) o anestesistas. Nunca sabes cuando te pueden servir para colarte en un hospital, quitarte unos puntos, hacerte una receta o salvarte la vida.

A Vale y al inventor/a del Monurol, claro está.

3 pensamientos en “Dramas de vivir fuera de casa: la enfermedad

  1. Bueno que todo lo que te pase sea eso y puedas estar rodeada de tanta gente que casi no te enteras de la enfermedad.
    De todas formas, tu mami hubiere estado deseando de encenderte el brasero.
    Lo que, en cualquier caso, creo que tines que hacer es poner en marcha la maquinaria de la burocracia porque nunca se sabe lo que vamos a poder necesitar y, por tanto, necesitas esa tarjeta.
    Besazos

  2. Yo llevo en estado de parálisis frenadólica una semana… Pero sí, la morriña y el nivel de carencia de cualquier clase de afecto materno nos hace lloriquear como cachorritos. Y no me olvido que Turín sigue donde sigue.
    Un besuki, Claruki!

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