Basilicata coast to coast. Por Domenico Cerabona

Basilicata es una región del sur de Italia situada entre Calabria y Apulia y bañada el Jónico y el Tirreno. Históricamente conocida como Lucania, es una tierra de historia, cultura y paisajes. En mi estancia italiana todavía no he tenido la suerte de poder darme un garbeo por el Sur, y hasta que ese momento llegue no se me ocurre nadie mejor que mi mayor colaborador y gran conocedor de la zona, Domenico Cerabona, para narrar las maravillas de esta región.

El relato que he colgado es un poco más corto que el original, que se puede encontrar entero y en italiano  aquí.

Far West? No, Basilicata. Domenico Cerabona

[…] He decidido convertir el diario de viaje en una serie de relatos cortos sobre los diferentes episodios que nos han sucedido no teniendo porqué estar necesariamente éstos en orden cronológico. Espero haber sido capaz de escribir algo bueno. […] Mis compañeros de viaje (también compañeros en el sentido literal) en estas vacaciones “on the road” eran Lorenzo, obviamente, y la nueva incorporación, Fabio “Stone” Sasso[1], este último asumiendo su propio riesgo y peligro decidió formar parte de una expedición Braders. Sé, que vista la afinidad y cotidianeidad con la cual Lore y yo afrontamos el mundo, estar con nosotros, de viaje, durante casi dos semanas, puede ser una tarea difícil. Pero tengo que decir que Fabio, después de un par de días necesarios de asentamiento, se ha revelado como un  compañero de viaje divertido brillante, incansable y sobre todo, abierto a todo, ¡incluso a los increíbles almuerzos a los que le sometíamos!

Camiseta conmemorativa del viaje.

Sant’Arcangelo, el “pueblecito” de la familia de mi padre es el clásico pueblo lucano. Pequeño y arrocado. Lo he visitado bastante en los últimos años […] pero la sensación que me ha provocado esta vez es que es que, lentamente, se está convirtiendo en un pueblo fantasma. Los habitantes y las actividades principales se están mudando y en el barrio de San Brancato y en el centro quedan solo los habitantes históricos.  Espero equivocarme, de pequeño he vivido varios veranos la vida del pueblo, tengo recuerdos buenísimos y siento una fuerte unión con mis raíces “Sat’Arcangelianas”, me disgustaría que desaparecieran del todo.

Sant’Arcangelo la nuit. Foto; Comune di Sant’Arcangelo.

De todos modos, Sant’Arcangelo ha permanecido como el tipo de pueblo en el que las puertas están siempre abiertas, todos se conocen y sobre todo hablan de todo con todos, tanto es así, que apenas habíamos puesto un pie en el pueblo, en la plaza todos sabían que habíamos llegado. En un pueblo de este estilo, podéis imaginaros la lógica con la que se lleva un “hotel”. Es fácil, se hace con la política de la puerta abierta; es decir, sin recepción. Podéis llegar al “Gattopardo”, el hotel donde nos hospedábamos, a cualquier hora, difícilmente encontraréis a alguien que os acoja. Podréis pasar las horas llamando a la campanilla del mostrador, (asumiendo que la haya, que no lo creo) y ninguno os responderá. Un cartel indica  “contactar con Michele en su habitación si no se encontrara en el hotel”. Generalmente, podréis encontrarlo sentado en el exterior del bar a pocos metros de allí. Por lo tanto las llaves de las habitaciones están en recepción, queriendo, cualquiera podría entrar y cogerlas, pero solo en teoría, porque en la práctica, ¿quién diablos lo haría jamás?

Imaginaros, ante este panorama, uno de los escenarios típicos del “Spaghetti western”. Si creíais que todo esto era surrealista, siento desilusionaros, la parte verdaderamente surrealista de este relato está todavía por llegar. Vayamos por pasos.

3.03 de la mañana, venimos de una fiesta en el Policoro. Llegamos al Gattopardo y obviamente, la puerta está cerrada pero no con llave. […] Procedemos vagamente en fila india, Lore ya tiene las llaves, Fabio va detrás y yo cierro la fila. Estamos cansados y acalorados, ha sido un día largo, pensamos en dormir. Yo ya me estoy imaginando una ducha helada cuando veo algo con el rabillo del ojo. Me giro a la derecha y veo entre las mesas del hall, una persona tirada en el suelo. Empiezo a entrar en pánico, pienso inmediatamente en Michele, víctima de una enfermedad o peor, ya que habría sido más vergonzoso debido a las relaciones de estrecha confianza que tiene con mi familia, víctima de una borrachera colosal. Como me sucede habitualmente en situaciones de pánico, me paralizo y la única cosa que soy capaz de hacer es atraer torpemente la atención de Fabio, señalándole con un dedo la escena que se me presenta.  Fabio al principio no entiende nada, cree que me he vuelto loco, después ve lo que le estoy indicando y a su vez se inmoviliza y llama a Lore.

Me acerco un poco y esto es lo que veo: una silla caída con el respaldo en el suelo y el asiento en perpendicular, un hombre de unos cincuenta años, vestido decentemente, poco más alto de un metro sesenta y detalle fundamental, con calcetines blancos que asoman desde los mocasines. El sujeto se encuentra en una posición absurda, parece que esté convencido de estar sentado, con la espalda completamente pegada al suelo y las piernas que le cuelgan de la silla, una a derecha y otra a izquierda.

Inmediatamente experimento una sensación de alivio, “no es Michele”, pero esta sensación es rápidamente sustituida por la preocupación: ¿y ahora qué hacemos? […] En mi mente decido, “si está solamente borracho lo dejamos aquí”, alguien lo reclamará. Fabio y yo nos acercamos y verificamos que respira, así que nos dirigimos hacia las escaleras. Donde nos espera otro momento surreal. Nuestra habitación se encuentra en el segundo piso. Mientras subimos, en el primero, Lore se encuentra delante de otra escena bizarra: una sábana con letras escritas en rojo. Es inevitable unir la sábana al hombre tirado en el suelo y Lore piensa: “He estado en casi todas las capitales de Europa, he andado solo por zonas poco aconsejables de Rusia, he estado en los barrios más pobres de Londres, Dublín, San Francisco y Los Ángeles, ¿es posible que pueda ser víctima de un serial killer en el Gattopardo de SantÀrcangelo?” Como quitarle la razón. Dado que estáis leyendo este relato intuiréis que, afortunadamente, no nos encontrábamos ante el nuevo “Hannibal” lucano, la sábana era una simpática idea de algunos huéspedes que pensaron que el rojo fuera el mejor color para escribir “Auguri a Antonio e Lucia, oggi sposi”.

Todavía incrédulos por lo irreal de la combinación llegamos finalmente a la habitación donde perdemos el control. Empezamos a reir como locos pensando en lo ridículo de todo esto y comenzamos a hacer especulaciones sobre que podría haber llevado a ese hombre a encontrarse en aquella situación. Entre otras cosas porque no estamos en Harlem o en el downtown de Los Ángeles sino en Sant’Arcangelo, donde no es que haya muchos sitios donde te puedas quedar hasta tarde y emborracharte hasta llegar a ese punto. Imaginamos a nuestro héroe en busca de asilo y lo único que ha encontrado abierto ha sido el Gattopardo, una vez allí, con la seguridad de la entrada, ha visto las sillas y se ha dejado llevar cayendo al suelo. […]

Mientras yo comienzo a pensar que en vez de visitar el día siguiente el Valle del Sinni corremos el riesgo de convertirnos en protagonistas de “Un día en comisaría”, Lore está especialmente conmocionado con los calcetines blancos de nuestro nuevo amigo: un poco macabremente, suponiendo que no se tratase de una borrachera sino de una muerte, comenzamos a imaginarnos el funeral de este hombre, al que evidentemente no irá nadie excepto nosotros, ya que no parece que haya muchos interesados en él, deducción a la que llegamos al ver que no hay ni un familiar que se esté preguntando donde está a las 4 de la mañana. Lore llega incluso a hipotetizar el epitafio: “Ci lascia un elegantone”.

Las risas se me mezclan con una preocupación que no consigo quitarme: “¿y si hubiéramos visto mal, y si no estuviera borracho?, ¿Podemos dejarlo ahí?” […] Decidimos bajar a ver como está e inmediatamente se nos quita la preocupación, el “muerto” ha cambiado posición: las piernas están dobladas y los brazos doblados. Parece que crea que está sentado en un bar. Es oficial, a la mañana siguiente no seremos interrogados en Comisaría.

El sujeto en cuestión.


[1] El apellido de Fabio, Sasso, es Stone (piedra) en italiano. De ahí el juego de palabras de Dome. (n.d.t)

4 pensamientos en “Basilicata coast to coast. Por Domenico Cerabona

  1. ¡Bravo por el escritor y por la traductora! Un humor muy fino.

    Nota pedantuela para ayudar a españoles a comprender el texto de la camiseta conmemorativa: La frase en italiano dice “Los Braders [corrupción de “brothers”, supongo] no se pararon en Eboli”. La frase es una alusión al título de una novela autobiográfica del médico turinés Carlo Levi (habría que dedicar un post a la abundancia de intelectuales judíos turineses) llamada “Cristo se paró en Eboli”, en la que el autor narra sus experiencias en pequeños y míseros pueblos de la Basilicata/Lucania cuando fue confinado allí por el régimen fascista. Del libro se hizo a fnales de los setenta una película homónima, que lo popularizó en toda Europa. A su vez, el título “Cristo se paró en Éboli” hace referencia a lo que parece ser una frase hecha local. Éboli es una pequeña ciudad (que dio el título a la famosa princesa española) que no está en Basilicata, sino en Campania, pero en la provincia de Salerno, limítrofe con aquella. Así, el cruel sentido de la frase es que Cristo no pasó de Éboli, y por tanto no llegó a la Basilicata, que quedó sin redimir; o bien que ni siquiera Cristo se atrevió a adentrarse en semejante región de pobreza, “dejada de la mano de Dios”, diríamos en español. Teniendo estos datos podrá entenderse mejor la ironía de la camiseta. De nada, a mandar. L@s más curios@s pueden encontrar artículos sobre todos estos asuntos (salvo el sentido del título) , por una vez, en la Wikipedia en español.

    Dome, una pregunta: ¿por qué los naturales parecen preferir la denominaciòn “Lucania” a la oficial de Basilicata, cuando la primera sólo fue oficial precisamente durante el fascismo y la República volvió a instaurar la segunda?.

  2. Non ho parole, la spiegazione di Solitarius è semplicemente perfetta! Il mio prossimo regalo per te sarà un’antologia scelta di scritti di Carlo Levi curata dalla Fondazione in occasione del centenario dalla sua nascita.

    Per rispondere alla tua domanda: il nome originario, sin dal tempo dei romani è Lucania dal latino “lucus” ovvero terra dei boschi letteralmente, ma credo tu possa saperlo meglio di me, eheh. Il Professor Giovanni Caserta (curatore del libro che ti regalerò), credo il più colto lucano vivente, mi ha detto addirittura che i romani quando arrivarono in Lucania e vi trovarono la salsiccia, non sapendo cosa fosse e non sapendo come chiamarla, la chiamarono “luganega” proprio perchè era un prodotto della Lucania. Il fascismo quando istituì la Regione la chiamò, giustamente devo dire, Lucania. Nel dopoguerra si è voluto semplicemente cancellare l’atto fascista, in maniera un po’ miope devo dire, e riprendere un altro nome usato in passato, Basilicata, per l’appunto. Di cui però non sono molto certe le origini, dovrebbe derivare dal greco “Basilikos” ovvero “funzionario del Re”.
    Io personalmente devo dire che preferisco Lucania, anche perchè l’aggettivo dei cittadini è rimasto “lucani” e lo trovo un controsenso.
    Il Professor Caserta preferisce Lucania (a volte Lucania Basilicata), da buon comunista non vuole celebrare un imperialista funzionario del capo, preferisce celebrare i boschi, eheh. E devo dire che io non posso dargli torto!

  3. Gracias, Dome, por tu erudita explicación, y, anticipadamente, por el regalo que me anuncias. Ahora me explico por qué como coeditora o patrocinadora del libro de Amendola que me regalaste ya aparecía una “Asociación Lucana” que yo no sabía lo que podía significar, porque sólo era capaz de relacionar el adjetivo con la ciudad de Lucca y me chirriaba la doble c y la falta de cualquier relación con esta ciudad.

    Quizá el artículo 131 de la Costituzione no estuvo muy acertado al dar nombre a la región, sobre todo por la subsistencia del gentilicio “lucano”, que también existe en español, aunque el Diccionario de la Academia sólo se refiere a Lucania como “región de la Italia antigua”. Si los habitantes de la región prefieren referirse a ella como Lucania, lo políticamente correcto habría sido conservar el endónimo. Quizá se hiciera no tanto por enmendar la plana al fascismo como porque la Lucania histórica era bastante más amplia que la Basilicata actual (según he visto en Wikipedia) y no se quisiera suscitar susceptibilidades en Campania o reivindicaciones territoriales de aquella🙂.

    Un fuerte abrazo

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