Personajes de Turín

En Turín viven casi un millón de personas de la cuales muy pocas son turinesas de verdad. Como en toda ciudad grande con un número considerable de habitantes, los personajes pueblan la ciudad haciéndola más singular y divertida. Con el buen tiempo salen como las setas y es especialmente fácil localizarlos los domingos por la mañana. La poca afluencia de gente no-personaje por las calles, hace más fácil distinguir a los personajes. Eso sí, cada uno con su propia idiosincrasia y particularidad.

Dejando de lado a las masas de estudiantes Erasmus (casi todos españoles) que desembarcan cada año en la ciudad, en Turín hay todo tipo de personajes, locos, no locos, mendigos, artistas o gente de la calle con pintas extravagantes que te hacen girarte para mirarlos varias veces sin ningún tipo de discreción.

Mis ejemplares de personajes favoritos son los que pueblan el centro de la ciudad ya que los veo casi a diario y alguno de ellos me saludan como si me conocieran de toda la vida.

Está el señor que va en bici disfrazado de sereno, ejemplar único en su especie, la bruja de Via Po que te ve el futuro en su bola de cristal, (aunque nunca la he visto con un cliente) el anciano, ancianísimo con barbas y pelo blanco kilométricos, el loco de Via Saluzzo que canta el, ya pasado de moda, Waku-Waku los días que hace buen tiempo, el señor mayor que toca, o pretende tocar, el violín en Piazza Castello y que si no le das dinero te insulta a voz en grito, el mimo todo vestido de blanco pero que te habla para pedirte dinero, la señora que hace teatro con marionetas o el acordeonista de Piazza Carignano que toca la sintonía de “El Padrino” todos los días a la misma hora.

En el grupo de los locos, mi favorito es un señor con indumentaria curiosa, falda larga negra con lentejuelas y chaqueta de terciopelo con los filos dorados. Siempre la misa ropa, siempre la misma sonrisa gigante en unos labios pintados de un rojo oscuro y los mismos ojos que no se saben muy bien hacia donde miran. Siempre la misma prisa.

Entre los vagabundos la palma se la lleva Martin. Cuando llegué a la ciudad el jovencísimo Martín se colocaba con su perro Waffel y su novia con cara de mal humor en la esquina de mi banco. Desde antes del verano, Martin está solo, ni Waffel ni novia. No sé si es que su novia con cara de mal humor le ha abandonado y se ha quedado con la custodia de Waffel o es una estrategia de marketing para darme pena y que yo le de dinero cada vez que lo veo. Me estoy arruinando.

Entre los artistas soy completamente fan de un chico maravilloso que canta y toca la guitarra en Piazza Castello. En mis días de reflexión más profundos me siento en la fachada del  Palazzo Madama mientras me como un helado y tarareo sus canciones. Aunque el artista más artista de todo Turín es mi amigo Franco que se coloca en el semáforo delante del Valentino con sus artes malabares, pero está feo hacerle publicidad así, de una manera tan descarada.

Todos tienen algo de especial y a todos los echaré de menos si algún día me voy de esta ciudad.

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